miércoles, julio 1, 2026

“El perro no tiene moral”: la reflexión que deja la tragedia de Playa Unión

La muerte de una niña de cinco años volvió a poner a un perro en el centro del debate. Pero, para Sergio Moragues, director del refugio El Campito, esa discusión es insuficiente. Con años de experiencia en la rehabilitación de animales, sostiene que el verdadero problema empieza mucho antes del ataque: cuando se naturaliza el uso de perros para cazar, se los abandona y se llega tarde a prevenir una tragedia que nadie quiere volver a vivir.
La muerte de una niña de cinco años tras el ataque de un perro en Playa Unión conmocionó a Chubut y abrió un intenso debate público. Mientras la investigación judicial continúa para reconstruir con precisión lo ocurrido, en las redes sociales la discusión se concentró en el animal, en sus dueños y hasta en la actuación de la familia de la víctima.
Para Sergio Moragues, director del refugio El Campito, esa mirada deja afuera las preguntas más importantes.
Un perro no tiene un sentido moral de su conducta”, afirmó durante una entrevista con Patagonia News. La frase resume una idea que atraviesa todo su análisis: los perros no toman decisiones desde una noción del bien o del mal, sino que responden a la forma en que fueron criados, utilizados y tratados por las personas.

Más allá del perro

El Campito presentó formalmente ante la Justicia un pedido para asumir la custodia del animal. Sin embargo, Moragues aclaró que hasta el momento, el pedido no ha sido respondido.
“Tenemos un equipo que puede rehabilitarlo y, si no pudiera rehabilitarse, puede vivir bajo nuestros cuidados de por vida, en condiciones dignas y sin volver a representar un riesgo para nadie”, explicó.
La propuesta, sostuvo, responde también a uno de los principales reclamos que suelen expresar las familias atravesadas por tragedias de este tipo.
“Cuando ocurre una víctima fatal, lo que la familia pide es que esto no vuelva a pasar nunca más. Nosotros creemos que podemos aportar a ese objetivo.”

“No todos los perros son demonios, pero tampoco todos son ángeles”

Durante los días posteriores al hecho, las redes sociales se dividieron entre quienes reclamaban sacrificar al animal y quienes impulsaban campañas para rescatarlo.
Moragues considera que ambas posiciones simplifican un problema mucho más complejo.
“No todos los perros son demonios. Pero tampoco todos los perros son ángeles”, sostuvo.
Por eso cuestionó fuertemente lo que define como una “romantización” de situaciones potencialmente peligrosas.
“Aún hoy sigo viendo gente que dice ‘yo me lo llevo en adopción’. Si realmente se trata de un perro que protagonizó este ataque, eso sería extremadamente riesgoso. Hay animales que necesitan un tratamiento especializado o, simplemente, vivir bajo cuidados permanentes.”

El debate que nadie está dando

Para Moragues, la discusión pública debería empezar mucho antes del momento del ataque.
Insiste en que, antes de juzgar únicamente al animal, hay que reconstruir su historia. Se pregunta si ese perro era utilizado para la caza, una práctica que —advierte— todavía persiste en distintos lugares del país y que implica desarrollar determinadas conductas en algunos animales.
”¿Para qué usaban a Ángel? ¿Por qué mataba ovejas? ¿Por qué hay perros utilizados para la caza?”, plantea durante la entrevista.
Desde su experiencia en la rehabilitación de animales con conductas complejas, sostiene que existen perros preparados para perseguir presas de pequeño o mediano porte y que conocer ese antecedente puede ser clave para comprender cómo se llegó a una tragedia de estas características.
“¿Por qué hay perros de pelea? ¿Por qué hay gente que utiliza a los perros como sucedáneos de seguridad? ¿Por qué después esos mismos perros son usados para cazar jabalíes o guanacos?”, se pregunta.
Para Moragues, detrás de cada perro que desarrolla conductas peligrosas hay decisiones humanas que nunca deberían quedar fuera del análisis.
“Los problemas siempre los generan los humanos o los humanos que no saben resolverlos”, afirma.
Por eso considera que el verdadero debate no debería terminar en el perro, sino avanzar sobre prácticas que todavía permanecen naturalizadas, como el uso de animales para la caza, la falta de controles sobre esas actividades y el abandono de perros cuando dejan de cumplir la función para la que fueron criados.

El abandono también forma parte del problema

Moragues advierte que muchas veces las tragedias terminan teniendo como consecuencia nuevas situaciones de violencia contra perros que nunca representaron un peligro.
“Cuando pasan estas cosas, muchas veces terminan pagando los perros que viven en la calle y que son incapaces de causar un hecho así.”
Pero también cuestiona una práctica que, asegura, se repite todos los días y pasa inadvertida: el abandono de mascotas.
En el refugio reciben cerca de cien pedidos diarios para ingresar perros. Según explica, la mayoría responde a un mismo motivo.
“Muchísima gente nos dice que se muda y que en el nuevo lugar no aceptan animales.”
Para él, ese comportamiento alimenta un círculo que luego desemboca en problemas mucho mayores.
“No podemos indignarnos solamente cuando ocurre una tragedia y mirar para otro lado el resto del tiempo.”

Una discusión que excede a un caso judicial

El director de El Campito también pide dejar de responsabilizar públicamente a los padres de la niña.
“Hay que respetar el dolor de una familia que perdió a una hija. No podemos necesitar demonizar a alguien para defender otra posición.”
Y recuerda que la investigación todavía continúa.
“No corresponde sacar conclusiones antes de que la Justicia termine de determinar exactamente qué ocurrió.”

Prevenir antes que lamentar

Moragues sostiene que Argentina cuenta con herramientas para avanzar en políticas de tenencia responsable, educación y control, pero considera que el desafío excede las campañas de castración.
“La castración es fundamental, pero no resuelve el abandono, el maltrato ni el uso que algunas personas hacen de los perros.”
A su entender, la prevención requiere educación, controles y una mayor responsabilidad social.
Porque, insiste, cuando un caso como el de Playa Unión llega a los titulares, el problema ya lleva mucho tiempo gestándose.

“Nos acordamos de los perros cuando son noticia”

Antes de terminar la entrevista, Moragues dejó una reflexión que, quizás, resume mejor que ninguna otra el sentido de su planteo.
“Nos acordamos de los perros cuando son noticia. Si los hubiéramos mirado antes, si les hubiéramos dado atención, cuidado y responsabilidad cuando todavía estaban vivos en la calle, probablemente muchas historias serían distintas.”
Más allá de lo que determine la Justicia sobre este caso, el director de El Campito cree que la mayor enseñanza de esta tragedia no pasa únicamente por establecer qué ocurrió aquella tarde en Playa Unión, sino por preguntarse qué decisiones, omisiones y responsabilidades permitieron que una historia así llegara a escribirse.

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