Científicos descubrieron en Santa Cruz una fosa de 900 metros en el Lago Viedma. El hallazgo lo ubica entre los cinco lagos más profundos del planeta y abre una nueva ventana para estudiar el cambio climático en la Patagonia.
Durante décadas estuvo oculto bajo una enorme masa de hielo. Recién cuando el glaciar comenzó a retroceder, los científicos pudieron llegar hasta allí y descubrir uno de los paisajes más extremos de la Patagonia: una fosa de casi 900 metros de profundidad en el fondo del Lago Viedma, en Santa Cruz.
El hallazgo fue realizado por investigadores del CONICET, la Universidad Nacional de Cuyo y la Universidad de Chile, que realizaron mediciones batimétricas con sonares en una zona del lago que hasta hace pocos años permanecía cubierta por el glaciar Viedma. Los datos confirmaron una profundidad máxima de 900 metros, con un margen de error de ±3%.
Con esa cifra, el Lago Viedma pasa a ser el más profundo de América y uno de los cinco más profundos del mundo, por detrás de lagos como el Baikal, el Tanganica, el Mar Caspio y el lago San Martín/O’Higgins.
Lago Viedma se encuentra dentro del Parque Nacional Los Glaciares, en plena Patagonia Austral, a pocos kilómetros de El Chaltén. Allí, el glaciar Viedma perdió desde 2014 más de 5,5 kilómetros cuadrados de superficie de hielo y retrocedió cerca de dos kilómetros. Ese retroceso dejó al descubierto una zona hasta entonces inaccesible.
La imagen es impactante: debajo de las aguas turquesas del lago existe una cavidad tan profunda que su fondo se encuentra cerca de 650 metros por debajo del nivel del mar.
Además de la profundidad, los investigadores encontraron una estructura térmica inusual. Mientras la superficie del lago registra temperaturas cercanas a los 7 °C, en el fondo el agua baja hasta los 0 °C. Esa diferencia muestra cómo el glaciar sigue influyendo sobre el lago incluso debajo del agua.
Un archivo natural del cambio climático
Para los científicos, el valor del hallazgo no está solamente en el récord geográfico. El Lago Viedma funciona como una especie de “archivo natural” capaz de registrar cómo fue cambiando el clima en la Patagonia durante miles de años.
La enorme fosa quedó al descubierto como consecuencia directa del retroceso del glaciar. Por eso, estudiar sus sedimentos, la temperatura del agua y la forma del fondo puede ayudar a reconstruir cómo respondieron los hielos patagónicos frente a otros períodos de calentamiento global.
“Las investigaciones en estos lagos son importantes para reconstruir las variaciones glaciares de largo plazo y entender las fluctuaciones recientes de los frentes”, explicó la investigadora del CONICET María Gabriela Lenzano.
Un paisaje que cambió en apenas una década
Hasta 2014, esa zona permanecía cubierta por hielo permanente. El rápido retroceso del glaciar Viedma cambió por completo el paisaje en menos de diez años. Donde antes había una pared blanca de hielo, hoy aparecen nuevos témpanos, costas rocosas y una de las depresiones lacustres más profundas del planeta.
Para la Patagonia, el descubrimiento tiene un doble significado. Por un lado, vuelve a poner en primer plano la magnitud y singularidad de los paisajes del sur argentino. Por otro, es una señal concreta de cómo el calentamiento global ya está modificando territorios emblemáticos de la región.
La profundidad del Lago Viedma permaneció oculta durante siglos. Fue el retroceso del glaciar el que permitió verla. Y también el que dejó al descubierto una evidencia tan impresionante como inquietante de los cambios que atraviesa la Patagonia.