En el Pasaje Bruno, por donde alguna vez circuló el ferrocarril y aún permanecen vías de aquella época, Tomás Gimbernat pinta una obra de 16 metros que reconstruye la vida alrededor del tren. El proyecto se realiza al cumplirse 140 años del arribo del Vapor Vesta, que en 1886 desembarcó materiales y personal para la construcción ferroviaria.
Hay lugares donde la historia no desaparece del todo. En el Pasaje Bruno, en Puerto Madryn, todavía quedan vías de la época en que el tren atravesaba ese sector de la ciudad.
Ahora, a pocos metros de esos rastros, una pared empieza a contar aquella historia.
El artista Tomás Gimbernat trabaja sobre un muro de 16 metros de largo por cuatro de alto. Allí aparecen trabajadores, pasajeros, cargas, locomotoras y distintas escenas de una actividad que tuvo un papel central en los primeros años de desarrollo de Puerto Madryn.
La obra se realiza en el marco del 140° aniversario del arribo del Vapor Vesta. Su llegada, en 1886, permitió desembarcar materiales ferroviarios y personal técnico para avanzar con la construcción del ferrocarril.
Pero el mural no se detiene en aquel episodio.
Su historia comienza allí para avanzar sobre todo lo que ocurrió alrededor del tren después.
Una pared para contar la vida alrededor de las vías

Cuando Gimbernat recibió la convocatoria comenzó a trabajar con fotografías y documentación histórica aportadas por el Centro de Estudios Históricos y Sociales de Puerto Madryn.
La pregunta no era solamente cómo representar un ferrocarril. Había que decidir qué contar de todo lo que sucedía alrededor suyo.
“Consideramos que estaba muy bueno trabajar toda la parte de los trenes que relacionaba a los trabajadores, ya sea los que vinieron y construyeron las vías, y después todo lo que generaba alrededor”, explicó el artista.
Ese “alrededor” terminó convirtiéndose en una de las claves de la obra.
En el mural aparecen quienes participaron de la construcción de las vías y quienes luego trabajaron vinculados al ferrocarril. También las mujeres que formaron parte de esa actividad.
Están los carros que llegaban desde el interior cargados con alfalfa para subirla al tren. Está el caolín proveniente de Las Plumas. Y están los pasajeros.
Porque las vías no transportaban solamente mercadería.
El tren también movía personas y comenzaba a formar parte de otros hábitos y recorridos. Gimbernat decidió incorporar esa dimensión para mostrar que detrás de las locomotoras existía toda una trama económica y social.
Investigar antes de pintar
Antes de llevar esa historia a una pared de 16 metros, hubo que reconstruirla.
Gimbernat define este tipo de trabajos como “murales históricos” y su proceso comienza bastante antes de tomar los pinceles.
Trabajó con material de archivo, mantuvo reuniones con Marcos Zurvil para definir los temas de la obra y realizó numerosos bocetos hasta encontrar una manera de unir las distintas escenas.
“Me gusta hacer como un relato en la ilustración”, explicó.
Primero construyó todo el diseño a escala. Después llegaron las pruebas de imagen, las decisiones sobre el estilo y los ensayos de color.
Incluso la representación del Vapor Vesta exigió una investigación particular. Las fotografías disponibles eran escasas y la búsqueda de referencias llevó al artista hasta archivos históricos de Inglaterra vinculados con las industrias que fabricaban embarcaciones en aquella época.
El resultado no pretende ser una reproducción fotográfica exacta.
“La imagen que yo quiero lograr no refleja realmente lo real, sino que es como una interpretación pictórica de lo que sucedía”, señaló.
Para darle unidad a escenas provenientes de diferentes fotografías y momentos históricos eligió una paleta dominada por tonos marrones, una decisión estética pensada también como referencia al pasado.
Pintar la historia en el lugar donde ocurrió

La ubicación termina de darle sentido a la obra.
El mural no reconstruye la historia ferroviaria de Puerto Madryn en cualquier pared. Se levanta en el Pasaje Bruno, por donde circulaba el tren y donde todavía pueden verse vías de aquella época.
Pasado y presente quedan así dentro de una misma escena: las vías permanecen en el lugar y, junto a ellas, la pared comienza a devolverles trabajadores, cargas y pasajeros.
El proyecto es producto del trabajo mancomunado entre la Municipalidad de Puerto Madryn, a través de la Dirección de Gestión y Preservación del Patrimonio Municipal, y el Centro de Estudios Históricos y Sociales de Puerto Madryn. El municipio aporta los materiales y la mano de obra necesarios para su ejecución.
La obra todavía está en proceso. Las condiciones climáticas demoraron algunas jornadas, aunque la época del año permite ahora extender las horas de trabajo. Gimbernat estima que podría necesitar aproximadamente un mes más, aunque evita establecer una fecha definitiva.
Mientras pinta, además, sucede otra cosa.
Los vecinos se acercan. Miran. Preguntan. Conversan con él sobre lo que empieza a aparecer en la pared.
Y esa reacción también forma parte de lo que buscaba.
“Esto también es un poco un acto de apropiación del pueblo, porque el mural, una vez que yo lo dejo acá, ya está: es de la gente”, dijo.
Cuando la obra esté terminada, en el Pasaje Bruno convivirán dos formas de contar una misma historia: abajo, las vías que todavía permanecen; sobre la pared, las personas y actividades que alguna vez les dieron vida.
