Un proyecto surgido a partir de investigaciones sobre la industria pesquera ya reunió alrededor de 500 inscriptos para completar la secundaria. En Puerto Madryn, además, 26 trabajadores cursan la primaria y esperan que 20 puedan finalizarla este año.
Lo que comenzó como una iniciativa para que marineros pudieran terminar la secundaria terminó mostrando una realidad más amplia dentro de la industria pesquera: al llegar a las plantas de procesamiento encontraron trabajadores que todavía necesitaban completar la primaria y otros que tenían dificultades para reconstruir trayectorias educativas iniciadas años atrás.
Hoy, 26 trabajadores cursan la primaria en Puerto Madryn y la expectativa es que 20 puedan completarla hacia fin de año. En paralelo, el proyecto de terminalidad secundaria llegó a reunir alrededor de 500 inscriptos, aunque sus responsables aclaran que la inscripción no significa que todos se encuentren cursando activamente.
La iniciativa surgió del trabajo del Observatorio del Sistema Pesquero Argentino, un proyecto enmarcado en la Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco y el CONICET, que reúne investigadores de diferentes disciplinas vinculados con el estudio de la actividad pesquera.
Para Soledad Schulze, integrante del Observatorio, hay algo particular detrás de esta experiencia: después de años de producir diagnósticos e investigaciones, parte de ese conocimiento comenzó a convertirse en una acción concreta sobre una problemática detectada en el propio sector.
“Para mí es la primera vez en la que algo de todo el proceso investigativo se traduce en una acción concreta”, explicó.
Una necesidad que apareció al investigar la pesca
Antes de llegar al proyecto educativo, el Observatorio había desarrollado diferentes líneas de investigación sobre la actividad, entre ellas un diagnóstico sociolaboral que alcanzó a alrededor de 760 trabajadores de distintos puertos y plantas de procesamiento del país.
Ese recorrido permitió construir vínculos con empresas, trabajadores y sindicatos. A partir de allí apareció la posibilidad de impulsar una propuesta para completar estudios.
La experiencia comenzó con Iberconsa y un interés inicial puesto especialmente en los marineros. Después se incorporaron otras compañías y el programa llegó también a trabajadores de plantas.
Actualmente participan Iberconsa, San Isidro, Argenova, EPSA y Profand, además de una articulación con el Sindicato de Trabajadores de Industrias de la Alimentación (STIA).
Pero al ingresar a las plantas apareció un desafío que inicialmente no estaba en el centro del proyecto.
“No está solo la necesidad del secundario, sino que algunos trabajadores necesitan terminar primaria”, explicó Schulze. También encontraron casos de trabajadores migrantes que tenían dificultades para recuperar documentación de estudios realizados muchos años atrás en sus países de origen.





