Por Natalia Schnaider
Estos días de nieve en la Patagonia, me recordaron a Aluminé, una localidad que brilla en la ladera neuquina de la Cordillera. Es muy disfrutable y me desafió sensorialmente en distintas ocasiones climáticas.

El sinuoso camino de curvas y pehuenes de la Cuesta del Rahue es la primera postal que anuncia una obligación: hay que entregarse al paisaje. De esta forma, el viaje se convierte en una experiencia que nos acerca más rápido a Aluminé.
Residentes
Aproveché el receso invernal para conocerla por primera vez, como era de esperarse, el recibimiento estuvo a cargo del frío, la nieve, y posteriormente, la lluvia. La segunda oportunidad fue en verano y fue más benigna. Sin embargo, en ambas visitas manejé un itinerario abierto y flexible, resistente a las expectativas y dispuesto a las chances que deja el clima.
Las horas tempranas de la tarde las dediqué a caminar por la orilla del Río Aluminé, un buen anfitrión para el kayak y el rafting durante las estaciones templadas.
Durante esas caminatas descubrí el Museo Municipal y Centro de Interpretación El Charrúa. Contiene muestras patrimoniales tanto de la región como de la estancia, su antecesora. Se dedica a la difusión, la investigación y la educación de los legados culturales de la cuenca del Aluminé. Se puede recorrer de manera guiada o libre. El jardín de plantas nativas toma el centro de la escena por su belleza y diversidad. Esta institución tiene una década de permanencia y encabeza la lista de los imperdibles.
Ser parte del paisaje
Muy cerca se encuentra el Cerro Quilque Lil, encuadrado en una reserva natural urbana, donde el senderismo regala vistas panorámicas del pueblo, el río y gran parte de la cadena montañosa circundante. Es posible divisar los colores vibrantes entremezclado con los aromas de flores silvestres y una lista extensa de aves, como el carpintero, martín pescador, zorzal, golondrina, rayadito, chucao, sin olvidar a quien ostenta el reinado de los cielos, el cóndor. Aunque en cada excursión, intenté divisar alguno, parece que tendré que volver para el encuentro.
Extendí los recorridos hacia los lagos Quillén, Pulmarí y Ruca Choroy, aconsejo llegar al Ñorquinco que me quedó pendiente. Para hacerlo se requiere de movilidad porque se encuentran distantes a varios kilómetros. Las aguas son transparentes y el bosque está conformado por araucarias, roble pellín y raulí en unas orillas rocosas, destacándose la barba de viejo, un liquen que cuelga de muchos árboles. Tres comunidades mapuches residen en las proximidades, resguardan, transmiten y comparten su valioso capital cultural.
Definiciones
En este paseo, una pregunta insistía en aparecer: cuándo podemos decir que conocemos un lugar si es nuestra opción de descanso. En mi experiencia, visitarlo y habitarlo varias veces y en diversas situaciones puede ser una posibilidad de formarse una idea más profunda y generar una conexión tanto con el lugar como con las personas.


