Nacidas en Puerto Pirámides en 1987 y sostenidas por el trabajo artesanal de pescadores del Golfo San José, las vieiras gratinadas cuentan una historia de mar, tradición y cocina regional. Un clásico chubutense que resume la identidad gastronómica de la Península Valdés.
Un plato que nació del mar y se volvió identidad
Si hay un sabor que representa a Puerto Pirámides —y por extensión a toda Península Valdés— son las vieiras gratinadas. Este plato, creado en 1987 en uno de los primeros restaurantes del pueblo, se transformó en un emblema culinario que combina frescura, tradición y el vínculo profundo entre la comunidad y el mar.
La historia de las vieiras comienza mucho antes de llegar a la cocina. En las zonas de Playa Larralde y Riacho San José, pescadores artesanales dedican su vida a la extracción de mariscos del golfo. Entre ellos está Juan Benegas, quien trabaja en el área desde 1978. Él lo describe como “una actividad sacrificada, dura por el frío, pero compensada por la naturaleza que nos rodea: ballenas, delfines y un mar que te acompaña siempre”.
La pesca artesanal: una tradición que sostiene al plato insignia
Las faenas dependen de las mareas y del clima. A veces comienzan antes del amanecer; otras, esperan una ventana de buen tiempo. Los buzos descienden entre 12 y 15 metros, equipados con una manguera conectada a un compresor a bordo de la lancha. Allí abajo, dice Benegas, recolectan “una por una, a mano, y las guardamos en un salabardo”, una bolsa de red que luego es izada por el marinero en superficie.
Pero la pesca no siempre es inmediata: “No hay vieira en todos lados; hay que rastrear. La lancha avanza y el buzo busca zonas donde haya concentración”, cuenta Benegas.
Una vez en tierra, los cajones viajan a una planta procesadora en Puerto Madryn, donde se separan las valvas, se congela el callo y se verifica la trazabilidad completa. El Golfo San José tiene certificación de calidad de aguas, lo que garantiza un producto único en el país.
Ese recorrido garantiza la frescura y la pureza que después se expresan en el plato que identifica a Pirámides.
Puerto Pirámides y su cocina: tradición, innovación y sabor de mar
La gastronomía del pueblo siempre estuvo ligada a los productos locales: mariscos frescos, pesca del día y recetas heredadas de cocinas argentinas, españolas e italianas. En los últimos años, la oferta se amplió y hoy conviven propuestas naturales, platos saludables, opciones veganas y vegetarianas, una cervecería que produce cerveza con agua de mar desalinizada, además de panaderías y tiendas artesanales que abastecen tanto a residentes como a turistas.
En este entorno donde la identidad se combina con nuevas tendencias, las vieiras gratinadas permanecen como el plato que marca el pulso del lugar. Son parte del paisaje culinario de Península Valdés, tanto como sus acantilados o sus aguas transparentes.
Cómo nace el sabor: la preparación de las vieiras gratinadas
Una vez que las vieiras llegan a manos de los cocineros, comienza el ritual. Se separan las valvas, se retira la barba y el tracto intestinal, se enjuaga el callo y se monta cada pieza en su propia tapa. Sobre ese bocado se coloca queso cremoso, queso parmesano y un chorrito de vino blanco, la mezcla clásica que nació en Pirámides hace casi cuatro décadas.
El gratinado a horno medio, durante unos 20 minutos, le da el toque final: aroma intenso, textura suave y un sabor profundo que remite directamente al Golfo San José.
Una experiencia que une mar, cultura y comunidad
Para quienes llegan a Península Valdés, probar vieiras gratinadas es mucho más que sentarse a la mesa: es conocer la historia de un pueblo, la vida de sus pescadores y el valor de una actividad que se mantiene fiel a sus principios.
“La pesca artesanal es un estilo de vida, una pasión. Y también es parte del folclore del lugar”, dice Benegas. Su invitación es simple: acercarse, ver cómo trabajan, conversar con quienes viven del mar y degustar un producto que no solo alimenta, sino que cuenta un territorio.
Las vieiras gratinadas son eso: una experiencia que resume naturaleza, tradición y un sabor que solo existe en este rincón del mundo.