Un estudio de científicos del CONICET aplicado a los abelisáuridos revoluciona la comprensión sobre la evolución de los dinosaurios, usando técnicas estadísticas y de morfología para analizar su estrategia de caza y su desarrollo a lo largo del tiempo.
El estudio de los dinosaurios ha dado un paso hacia adelante gracias al trabajo de un grupo de especialistas del CENPAT, quienes, mediante una novedosa metodología que combina la estadística y la morfología ósea, han logrado entender con mayor precisión cómo evolucionaron estos gigantes del pasado. A través de un artículo publicado en Scientific Reports, los científicos exploran las características de los abelisáuridos, un grupo de dinosaurios carnívoros conocidos por su peculiar cráneo ornamentado y su forma de cazar, comparándolos con felinos actuales y revelando nuevas teorías sobre su evolución.
Los abelisáuridos, una familia de dinosaurios carnívoros que vivieron entre 66 y 100 millones de años en Gondwana, se caracterizan por sus cráneos cortos, altos y decorados, así como por sus extremidades anteriores reducidas, similares a las del famoso Tyrannosaurus rex. Estos depredadores dominaron lo que hoy son Sudamérica, África, India, Australia y la Antártida durante el Cretácico Tardío. En un esfuerzo por entender mejor su forma de cazar, los científicos del CENPAT examinaron la morfología del cráneo y la columna vertebral, poniendo especial atención en el maxilar, una estructura ósea clave en la alimentación.
Basándose en investigaciones previas que postulaban que los abelisáuridos cazaban como los felinos modernos, emboscando a sus presas y manteniéndolas sujetas con sus mandíbulas hasta su muerte, los investigadores analizaron si las especies más antiguas, del Cretácico Temprano, podrían haber compartido esta estrategia de caza. Utilizando morfometría geométrica y métodos filogenéticos comparativos, las herramientas estadísticas de vanguardia permitieron estudiar la evolución de estas especies y cómo se diversificaron sus formas a través del tiempo.
Emanuel Seculi Pereyra, becario del Instituto Patagónico de Geología y Paleontología (IPGP-CONICET) y autor principal del estudio, explica: «Este trabajo utilizó dos técnicas innovadoras para estudiar los dinosaurios en Argentina. La morfometría geométrica nos permitió cuantificar la forma del maxilar usando fotografías en 2D, mientras que los métodos filogenéticos comparativos analizaron cómo las especies han evolucionado a través del tiempo, basándose en sus relaciones de parentesco».
El estudio ha demostrado que la estrategia de caza especializada de los abelisáuridos no surgió únicamente en el Cretácico Tardío, como se pensaba, sino que también estuvo presente en el Cretácico Inferior. La diversificación de las formas del maxilar en este grupo se disparó después de la extinción de los carcarodontosáuridos, un grupo de dinosaurios carnívoros con los que coexistieron y posiblemente compitieron por los recursos. Los resultados también revelaron que las especies de abelisáuridos con la estrategia de caza «especializada» mostraron una evolución más rápida en el desarrollo de sus mandíbulas, sugiriendo que fueron sometidos a fuertes presiones ecológicas que moldearon su cráneo.
Este innovador enfoque abre nuevas puertas para el estudio de la evolución de los dinosaurios y otras especies extintas, ofreciendo una manera más precisa de entender cómo los organismos del pasado se adaptaron a sus entornos. Como señala Seculi Pereyra, «Este trabajo no solo mejora nuestra comprensión de los dinosaurios, sino que establece una metodología que puede ser aplicada a diversos grupos, permitiéndonos hacer inferencias más exactas sobre su evolución». Así, los científicos no solo están resolviendo antiguos misterios de la paleontología, sino también desarrollando herramientas que permitirán futuros avances en el estudio de la evolución de las especies, tanto extintas como actuales.