Hay escapadas que se organizan con mapa en mano. Y hay otras que empiezan con una copa de vino frente a la cordillera. En Trevelin, una de esas experiencias tiene nombre propio: Viñas del Nant y Fall.
Apenas unos minutos después de dejar el centro del pueblo y tomar la Ruta 259 hacia el oeste, el paisaje empieza a cambiar. El asfalto acompaña el valle y, a la altura del kilómetro 52,5, aparecen las hileras de viñedos que desafían el clima frío patagónico.
Un paseo que se disfruta sin apuro
La visita comienza caminando entre las plantas. Pinot Noir, Pinot Grigio, Gewürztraminer, Riesling y Chardonnay crecen en casi tres hectáreas cultivadas en una de las regiones vitivinícolas más australes del país. El aire es limpio, el viento suave y el arroyo Nant y Fall atraviesa el predio, sumando sonido y frescura al recorrido.
La degustación llega después. En copa, los vinos expresan el carácter del clima frío: perfiles delicados, frescura marcada y equilibrio. La producción anual supera las 10.000 botellas, resultado de un proyecto familiar que fue pionero en demostrar que Trevelin también podía ser tierra de grandes vinos.
Del viñedo a la mesa
El plan de fin de semana se completa en el restaurante “Sangre & Tinta”, donde la propuesta gastronómica acompaña la identidad del lugar. Platos pensados para maridar con las etiquetas de la casa y una experiencia que invita a quedarse.
En el mismo predio funcionan el almacén gourmet “Tanino”, espacios para motorhomes y camping, y “La Bodeguita”, opción de hospedaje para quienes prefieren extender la experiencia y dormir entre viñas.
Cómo armar la escapada
Para quienes llegan desde otras ciudades, la propuesta es clara:
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Llegar por la mañana y recorrer el viñedo.
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Disfrutar una degustación guiada.
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Almorzar en el restaurante.
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Caminar junto al arroyo o descansar entre las hileras.
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Elegir quedarse o continuar el recorrido por Trevelin y sus alrededores.

