Por Silvana Angelicchio
Bruce Chatwin, el periodista y escritor inglés que caminó el sur del continente y recopiló muchas de sus historias.

En 2019 se estrenó Nomad –Nómade-, el documental que el director Werner Herzog dedicó a su amigo Bruce Chatwin.
Había nacido en Sheffield en 1940, falleció en Niza en 1989 y dedicó esa vida breve a escribir algunas ficciones, pero principalmente memorias de los largos viajes
que lo llevaron a caminar buena parte del mundo.
Lo de caminar no es una expresión, ya que solía hacer extensos tramos a pie casi como una manera de establecer contacto directo con el territorio y sumar a su relato las no pocas sorpresas y situaciones riesgosas del recorrido; algo que lo volvía una suerte de sosias del director alemán, que compartía tanto su curiosidad intelectual como esa inclinación peripatética.
En Nomad, Herzog entrevista a la esposa de su amigo, a otras personas que lo conocieron y también refiere sus propios recuerdos complementados con imágenes de archivo, pero en particular recorre personalmente muchos de los paisajes transitados por el protagonista, incluido el sur argentino y chileno.
Este último un recorrido determinante para Chatwin, porque luego fue plasmado En la Patagonia –In Patagonia su título original-, uno de sus textos más destacados porque le dio notoriedad y porque ese territorio de leyenda está en la raíz de su vocación por la arqueología en general – carrera que estudio en la Universidad de Edimburgo- y los viajes en particular.
En el primer capítulo cuenta en primera persona, que en la infancia le llamó la atención un trozo de cuero con pelos ásperos y rojizos desde una vitrina de la casa de su abuela y cuando ella le dijo que era piel de brontosaurio enviada por su primo – Charles Amherst Milward- desde el confín del mundo quedó fascinado.
Después se enteró que el bicho no era un dinosaurio, sino un perezoso gigante -Mylodon darwini según su taxonomía- , pero aun así el deseo de encontrar la cueva donde ese pariente lejano encontró tal reliquia se mantuvo hasta que finalmente pudo pisar suelo patagónico en 1975.
Fueron cerca de seis meses, donde por supuesto visitó el Museo de Ciencias Naturales de La Plata para reencontrar restos de perezoso gigante mejor conservados que los de su niñez y luego se dirigió al sur con los ojos y oídos abiertos a lo que ocurría a su alrededor, a las historias y personajes.
Así va y vuelve mientras describe las teorías de Charles Darwin y los disensos entre los hallazgos del Perito Francisco P. Moreno y Florentino Ameghino, las correrías de Butch Cassidy y sus compinches, los sucesos políticos y sociales contemporáneos y del pasado y refleja sus encuentros con los paisanos patagónicos que le ofrecen hospitalidad y hasta con fantasmas de otros viajeros de paso como él mismo o que se quedaron en esa inmensidad para escapar a sus destinos o simplemente porque se prendaron de ella.
Paginas que atrapan -no obstante algunas imprecisiones geográficas e
históricas-; que tienen su correlato nostálgico en las imágenes guiadas por la voz
inconfundible de Herzog y consiguen sacar a un autor y sus vivencias del olvido.


