Eduardo Champaña y Marcela Hernández reconstruyeron ante Patagonia News los años de búsqueda de su hija, nacida en Comodoro Rivadavia. Señalan a una familia dominicana radicada en Puerto Madryn, relataron qué ocurrió durante una investigación federal que incluyó siete allanamientos y explicaron por qué siguen buscando respuestas.
“Te seguimos buscando, hija. Beso grandote”.
Eduardo Champaña mira a cámara y cierra así un video que grabó junto a su esposa, Marcela Hernández. No saben si Marina llegará a verlo. Tampoco saben con certeza dónde vive, de qué trabaja ni cómo se encuentra. Después de siete años, siguen intentando llegar hasta ella.
Marina Champaña Hernández tiene 27 años, nació en Comodoro Rivadavia y posee ciudadanía argentina y española. Antes de explicar denuncias, expedientes y allanamientos, Eduardo elige recordar quién era su hija antes de que todo cambiara.
“Siempre fue una persona integrada a su familia y a sus vínculos. Hermosa hija en todos los sentidos. Con buenos hábitos, honesta, solidaria, excelente amiga y estudiante universitaria”, relata.
Hoy sus padres creen que Marina se encuentra en Valencia, España. Hace tres años que, según cuentan, fue trasladada a esa ciudad y desde entonces no tienen información directa sobre ella.
El comienzo de una búsqueda que lleva siete años
Eduardo y Marcela sostienen que el cambio comenzó después de que Marina fuera captada por una familia dominicana radicada en Puerto Madryn y una psicóloga. Describen al grupo como coercitivo y consideran que, progresivamente, su hija fue aislada de su familia y de los vínculos que mantenía hasta entonces.
“Las víctimas no entran, son captadas, no tienen responsabilidad”, explica Marcela.
La madre recuerda que durante ese proceso comenzaron a solicitarse órdenes de restricción contra familiares y personas cercanas a Marina, que luego eran renovadas.
“Esto lo que hizo fue reforzar aún más su aislamiento”, afirma.
Eduardo insiste en un punto que para ellos resulta central: no interpretan lo ocurrido como una decisión originada en un conflicto dentro de la familia.
“Su alejamiento no fue por conflictos familiares ni amorosos, sino que fue forzada bajo amenazas”, sostiene.
Fue así como comenzó un recorrido que primero atravesó los fueros civil, penal y de familia en Puerto Madryn y que, años después, llegó a la Justicia Federal.
Siete allanamientos, dos detenciones y el DNI de Marina
En 2023, los padres presentaron una denuncia ante la Justicia Federal. Marcela cuenta que la investigación preliminar se extendió durante dos años y que en ese período se realizaron siete allanamientos.
“Se encontró el DNI de nuestra hija, entre otras cosas. Este procedimiento terminó con la detención de dos de los dominicanos de esta familia”, relata.
Durante esa instancia ocurrió uno de los momentos determinantes del caso: Marina manifestó que se había ido voluntariamente a otro país y defendió a las personas que habían sido detenidas.
Sus padres no creen que esas palabras reflejen una decisión tomada libremente. Para ellos, son una consecuencia del sometimiento psicológico y emocional que denuncian desde hace años.
A partir de entonces, según reconstruyó Marcela, la búsqueda de paradero se interrumpió. La investigación preliminar finalmente terminó archivada.
“La denuncia nunca la constituyeron como una causa y, por lo tanto, no nos pudimos constituir como querellantes”, explica.
Para Eduardo y Marcela, sin embargo, todavía existen elementos que deberían ser investigados. “A nuestro criterio, existen pruebas más que suficientes para llevar adelante esta causa”, sostiene la madre.
“Nunca nos resignamos”
El archivo del expediente no significó el final.
Después de años de presentaciones judiciales, los padres decidieron volver a una herramienta mucho más simple: contar públicamente la historia de Marina todas las veces que sea necesario.
Quieren que su rostro y su nombre circulen, que el caso atraviese fronteras y que alguien pueda aportar información que les permita saber dónde está y cómo se encuentra.
“Nunca nos resignamos, nunca dejamos de buscarla e insistir de diferentes maneras. Y lo haremos las veces que sea necesario hasta tenerla con nosotros”, dice Marcela.
Eduardo, por su parte, comienza el video con una advertencia dirigida a quienes quizás nunca escucharon hablar de Marina: “También te puede pasar a vos o a alguien de tu entorno”.
Siete años después, el pedido de ambos permanece intacto.
Quienes puedan aportar información pueden comunicarse al +54 9 297 529 0759 o escribir a eduardo.champagna@gmail.com.
Antes de terminar la grabación, después de hablar de denuncias, allanamientos y años de búsqueda, Marcela vuelve a lo esencial:
“Te amamos como siempre, Marina. Te seguimos buscando”.
Y Eduardo se despide como un padre que todavía espera que, en algún lugar, su hija pueda escucharlo:
“Te seguimos buscando, hija. Beso grandote”.
