
Lo que más nos gustó de Batea Mahuida fue su ambiente. No hace falta ser un experto para disfrutarlo. Hay familias enteras jugando en la nieve, chicos que se animan por primera vez a ponerse unos esquíes o una tabla de snowboard y otros que simplemente eligen sentarse en una reposera con un mate y algo dulce mientras contemplan el paisaje. Todo ocurre a otro ritmo, sin el movimiento frenético que suele verse en los grandes centros de esquí, y eso también forma parte de su encanto.
Después de recorrer Villa Pehuenia entendimos que su mayor atractivo no es un único lugar. Es la combinación de lagos, montañas, nieve, pehuenes y una comunidad que recibe al visitante con una hospitalidad que se siente genuina. Quizás esa sea la mejor forma de definir este rincón de Neuquén: un pueblo que encontró su lugar entre la montaña y el lago sin perder su esencia. Y, tal vez por eso, varios días después de haber vuelto, seguimos hablando de él como si todavía estuviéramos allí.