martes, julio 28, 2026

Recorrimos Villa Pehuenia: los lugares que no pueden faltar en tu viaje a este rincón de Neuquén

Hay destinos que uno disfruta mientras los recorre. Y hay otros que siguen apareciendo en la memoria varios días después de haber regresado. Villa Pehuenia, en el centro oeste de Neuquén, es uno de esos lugares. Rodeada por los lagos Aluminé y Moquehue, con montañas nevadas y bosques de pehuenes, esta pequeña localidad invita a bajar el ritmo y disfrutar del paisaje sin apuro.
Lo primero que nos sorprendió fue la manera en que el pueblo parece haberse adaptado a la geografía y no al revés. Las casas y las cabañas encontraron su lugar allí donde el terreno lo permitió. Sus calles, con subidas y bajadas pronunciadas, al principio parecen no seguir una lógica. Sin embargo, alcanza con detenerse unos minutos para entenderlo: muchas de las construcciones fueron pensadas para mirar al lago. Esa combinación entre desniveles, bosque y agua crea postales que difícilmente se olvidan.
Pero si hubo algo que terminó de darle personalidad al viaje fue la calidez de su gente. Llegamos a Villa Pehuenia sobre el final de la tarde y, fieles a nuestra costumbre de viajar con poca planificación y muchas ganas de descubrir lugares nuevos, todavía no teníamos dónde hospedarnos. Antes de empezar a buscar una cabaña decidimos hacer una pausa en Rucafé para tomar un chocolate caliente. Mientras conversábamos, una de las chicas del lugar comenzó a hacer algunos llamados y, pocos minutos después, nos consiguió una hermosa cabaña frente al lago. Fue uno de esos gestos simples que terminan convirtiéndose en uno de los mejores recuerdos del viaje.
Si hablamos de invierno, hay un sitio que merece una visita obligada: el Parque de Nieve Batea Mahuida. A unos ocho kilómetros del pueblo, por la Ruta Provincial 13, el camino empieza a ganar altura y el paisaje cambia por completo. La nieve se vuelve protagonista y, poco a poco, aparece uno de los centros de esquí más particulares del país, administrado por la Comunidad Mapuche Puel.
Lo que más nos gustó de Batea Mahuida fue su ambiente. No hace falta ser un experto para disfrutarlo. Hay familias enteras jugando en la nieve, chicos que se animan por primera vez a ponerse unos esquíes o una tabla de snowboard y otros que simplemente eligen sentarse en una reposera con un mate y algo dulce mientras contemplan el paisaje. Todo ocurre a otro ritmo, sin el movimiento frenético que suele verse en los grandes centros de esquí, y eso también forma parte de su encanto.

Los pehuenes merecen un capítulo aparte. No es casualidad que el pueblo lleve su nombre. Están presentes en cada rincón y terminan convirtiéndose en el sello inconfundible de Villa Pehuenia. Sus troncos rectos y sus copas casi perfectamente redondeadas parecen dibujados con una precisión sorprendente. Caminar entre ellos es una experiencia difícil de describir: por momentos da la sensación de estar recorriendo un escenario salido de un cuento. Son, sin dudas, uno de los grandes tesoros naturales de esta región neuquina.

Y si todavía queda tiempo para seguir descubriendo paisajes, nuestra última recomendación es recorrer la Ruta Provincial 23. El camino conecta Villa Pehuenia con Aluminé y atraviesa algunos de los paisajes más impactantes de la zona. Hay varios tramos de ripio, por lo que conviene consultar previamente el estado del camino antes de emprender el recorrido. Más adelante, desde El Rahue, la Ruta Provincial 46 conduce hacia la Cuesta del Rahue, un camino de montaña con curvas cerradas, miradores naturales y vistas abiertas hacia los volcanes que invitan a detener el vehículo más de una vez para simplemente contemplar el paisaje.

Después de recorrer Villa Pehuenia entendimos que su mayor atractivo no es un único lugar. Es la combinación de lagos, montañas, nieve, pehuenes y una comunidad que recibe al visitante con una hospitalidad que se siente genuina. Quizás esa sea la mejor forma de definir este rincón de Neuquén: un pueblo que encontró su lugar entre la montaña y el lago sin perder su esencia. Y, tal vez por eso, varios días después de haber vuelto, seguimos hablando de él como si todavía estuviéramos allí.

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