En 7.300 hectáreas de San Pablo de Valdés se recuperaron los pastizales y regresaron choiques, maras, guanacos, zorros y hasta pumas. Ahora, científicos estudian esos cambios para responder una pregunta central para la Patagonia: cómo hacer convivir la biodiversidad con la producción ganadera.
Hace más de 20 años dejaron de pastar ovejas en un sector de Península Valdés. Lo que ocurrió después convirtió al lugar en un escenario privilegiado para observar cómo responde la estepa patagónica cuando desaparece esa presión sobre el ambiente.
Los pastizales naturales comenzaron a recuperarse. Y detrás de ellos también regresó la fauna.
“Ha recuperado los choiques, los zorros, las maras, los guanacos, hasta aun los pumas”, resumió Manuel Jaramillo, director general de Fundación Vida Silvestre.

