Por Sergio Mucznik
Hubo ángeles, pero también hubo demonios -dos, precisamente-. Los máximos responsables de que el país se incendiara, hace más de 50 años, todavía no se hacen cargo. Y quienes vinieron después también provocaron estragos imperdonables.
Miles de secuestros y desaparecidos. Robos de bebés nacidos en cautiverio. Cuerpos que no pudieron velarse. Madres que no pudieron enterrar a sus hijos. Porque toda madre merece saber dónde está el cuerpo de su hijo.
Esos dos demonios fueron las Fuerzas Armadas y las organizaciones terroristas. Y los ángeles fueron aquellos cuyo único “delito” fue pensar distinto a unos y a otros. Contra ellos no hubo excesos: hubo asesinatos e impunidad. Todos merecían un juicio justo.
Que el Nunca Más sea completo. Porque hay heridas que siguen abiertas y solo la verdad -toda la verdad- puede empezar a cerrarlas.
