martes, septiembre 29, 2026 | 18:09
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Pulpo Rojo: cerveza, identidad chubutense y un sueño que mira al mundo

La cooperativa nació en Trelew, donde funciona su fábrica, y también tiene sede en Puerto Madryn. Después de más de una década elaborando cerveza, Pulpo Rojo busca que cada producto cuente de dónde viene y apuesta a crecer sin desprenderse de una idea central: producir, generar trabajo y agregar valor desde Chubut.
Paso del Sapo. Bajada del Diablo. Isla de los Pájaros. Cañadón Carbón. Musters. Los nombres impresos en las cervezas de Pulpo Rojo podrían funcionar también como puntos de un recorrido por Chubut.
Y esa es precisamente la intención.
“Cuando alguien se toma una Paso del Sapo, queremos que le genere curiosidad saber dónde está Paso del Sapo”, cuenta Pablo Cariaga, presidente de la Cooperativa Pulpo Rojo.
Pablo Cariaga, presidente de la Cooperativa Pulpo Rojo.
La conversación ocurre en la sede de Puerto Madryn, en las Cinco Esquinas, a una cuadra de la terminal. La historia de Pulpo Rojo, sin embargo, comenzó en Trelew y allí continúa funcionando su fábrica.
Cariaga lleva más de diez años vinculado a la elaboración de cerveza. Hoy su trabajo está más concentrado en coordinar al equipo y pensar cómo la cooperativa se muestra hacia afuera. Y buena parte de esa historia se resume en una idea: producir en Chubut y hacer que el producto hable del lugar donde nació.
Por eso cambiaron nombres, incorporaron referencias a la geografía provincial y hasta sumaron mapas para que una cerveza pueda despertar curiosidad por un lugar.
“El producto no puede escapar del territorio y no puede escapar de la comunidad; es más, lo tiene que comunicar”, sostiene.

Cuando la identidad también agrega valor

Cerveza Pulpo Rojo
Esa búsqueda adquirió otra dimensión después de la pandemia. Cambiaron los hábitos de consumo y Pulpo Rojo comenzó a preguntarse cómo seguir creciendo sin contar con las inversiones necesarias para aumentar considerablemente su escala de producción.
La respuesta fue apostar todavía más por lo que ya hacían.
Cariaga utiliza un concepto para explicarlo: “premiumización”. Si no podían producir mucho más, podían trabajar para que cada cerveza tuviera mayor calidad, identidad y valor.
La decisión fue ir en sentido contrario a una salida que suele aparecer cuando el mercado se achica: reducir costos sacrificando alguna parte del producto.
“Es lo poquito que tenés, llevarlo a un nivel en donde sea valorado del otro lado con mayor alcance”, explica.
En ese camino, Chubut dejó de ser solamente el lugar donde producen para convertirse también en parte de aquello que ofrecen.
Para Cariaga, eso adquiere especial importancia cuando piensa en quienes llegan como turistas a Puerto Madryn. Quien desembarca buscando conocer la Patagonia también busca sabores, historias y productos que no podría encontrar de la misma manera en otro lugar.
Pulpo Rojo quiere ocupar ese espacio.

Una cooperativa que necesita ganar para poder sostener trabajo

Detrás de las etiquetas y de la búsqueda por mejorar el producto existe, sin embargo, una realidad mucho más concreta.
El presente no es sencillo.
Cariaga habla de servicios que aumentaron considerablemente, materias primas que deben recorrer largas distancias —el cereal malteado, señala, llega desde unos 1.500 kilómetros— y ventas que no acompañan al ritmo de los costos.
“Son momentos muy difíciles”, reconoce.
Es en ese contexto donde insiste en algo que considera fundamental para entender a Pulpo Rojo: son una cooperativa de trabajo y necesitan ser rentables.
No plantea ambos conceptos como contradictorios.
“Ambos necesitamos ganar dinero como empresas, pero nosotros estamos atados a valores”, explica al comparar una cooperativa con una empresa tradicional.
Para Pulpo Rojo, generar rentabilidad es lo que permite sostener la estructura, mantener puestos de trabajo y seguir produciendo. Cariaga lo sintetiza todavía más: “Nuestra función es generar trabajo”.
Esa concepción también aparece cuando la cooperativa tiene que decidir dónde gastar. Si necesitan diseñar una etiqueta, realizar una serigrafía o desarrollar una intervención artística, intentan buscar primero dentro de la comunidad.
“Se trata de generar trabajo y esparcirlo”, dice.
Así, el diseñador, el artista, el productor y quien elabora la cerveza forman parte de una misma trama. Para Cariaga, la cooperativa solo puede crecer si también existe una comunidad capaz de desarrollarse alrededor.

De Trelew hacia el mundo

Por eso, cuando Cariaga habla del futuro, el sueño de Pulpo Rojo no termina en vender más pintas.
La imagen que utiliza es mucho más grande: algún día quieren llenar un contenedor con latas y botellas elaboradas en su fábrica de Trelew y enviarlo fuera del país.
“Pretendemos generar un producto hiper premium que pueda trascender las fronteras”, plantea.
Después lo resume sin demasiadas vueltas: quieren “venderle cerveza a los árabes”.
Detrás de esa frase está buena parte de la historia de Pulpo Rojo. Llegar a otros mercados significaría vender más, pero también sostener producción y trabajo desde Chubut.
Quizás por eso Paso del Sapo, Bajada del Diablo o Musters dicen tanto sobre la cooperativa. Son nombres de lugares convertidos en cervezas y cervezas que aspiran a convertirse en una forma de contar el territorio.
El desafío ahora es lograr que viajen cada vez más lejos sin perder aquello que las hizo nacer acá.

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