La cooperativa nació en Trelew, donde funciona su fábrica, y también tiene sede en Puerto Madryn. Después de más de una década elaborando cerveza, Pulpo Rojo busca que cada producto cuente de dónde viene y apuesta a crecer sin desprenderse de una idea central: producir, generar trabajo y agregar valor desde Chubut.
Paso del Sapo. Bajada del Diablo. Isla de los Pájaros. Cañadón Carbón. Musters. Los nombres impresos en las cervezas de Pulpo Rojo podrían funcionar también como puntos de un recorrido por Chubut.
Y esa es precisamente la intención.
“Cuando alguien se toma una Paso del Sapo, queremos que le genere curiosidad saber dónde está Paso del Sapo”, cuenta Pablo Cariaga, presidente de la Cooperativa Pulpo Rojo.

La conversación ocurre en la sede de Puerto Madryn, en las Cinco Esquinas, a una cuadra de la terminal. La historia de Pulpo Rojo, sin embargo, comenzó en Trelew y allí continúa funcionando su fábrica.
Cariaga lleva más de diez años vinculado a la elaboración de cerveza. Hoy su trabajo está más concentrado en coordinar al equipo y pensar cómo la cooperativa se muestra hacia afuera. Y buena parte de esa historia se resume en una idea: producir en Chubut y hacer que el producto hable del lugar donde nació.
Por eso cambiaron nombres, incorporaron referencias a la geografía provincial y hasta sumaron mapas para que una cerveza pueda despertar curiosidad por un lugar.
“El producto no puede escapar del territorio y no puede escapar de la comunidad; es más, lo tiene que comunicar”, sostiene.
Cuando la identidad también agrega valor

