Laura Lugli cuestionó las decisiones del fuero de Familia y aseguró que hace tiempo no puede ver a su hija. También planteó que la Justicia “no está preparada” para abordar situaciones que involucran a niños con discapacidad.
“Mi hija tiene derecho a ser escuchada”. La frase atraviesa todo el relato de Laura Lugli, una madre que denuncia sentirse excluida del vínculo con su hija en medio de un extenso conflicto judicial que involucra al fuero de Familia de Trelew y tribunales de la Ciudad de Buenos Aires.
En diálogo con Patagonia News, Lugli describió un proceso que definió como “profundamente desgastante y complejo”, marcado por intervenciones judiciales, pericias y restricciones que, según sostiene, terminaron afectando directamente la relación con la menor.
“El recorrido ha sido profundamente doloroso. El eje dejó de ser el bienestar integral de mi hija para centrarse en medidas que, desde mi perspectiva, no reflejan la realidad de nuestra historia ni de nuestro vínculo”, expresó.
La mujer aseguró que cumplió con todas las instancias requeridas por la Justicia, incluyendo tratamientos psicológicos, evaluaciones y pericias. Incluso afirmó haber sido sobreseída de acusaciones previas en su contra. Sin embargo, sostiene que las trabas para retomar el contacto continúan.
“Me he cansado de acreditar terapia y de atenerme a derecho en cada pericia, pero siempre buscan un pero para impedirme el contacto”, manifestó.
“La Justicia está lejos de la realidad”
Uno de los puntos más duros del testimonio apunta al funcionamiento del sistema judicial y, particularmente, a la manera en que se abordan los casos que involucran a niños con discapacidad.
Según relató, su hija tiene diagnóstico de autismo y Síndrome de West, una condición neurológica que requiere acompañamiento permanente, tratamientos específicos y estabilidad emocional.
“Cuando tenés un hijo con Síndrome de West y Autismo, cada segundo vale. Cada avance se festeja como el primero”, expresó.
En ese contexto, cuestionó la falta de herramientas adaptadas para escuchar a niños con dificultades en la comunicación y aseguró que muchas veces las decisiones judiciales “quedan lejos de la realidad”.
“Mi hija es una niña y su derecho fundamental es ser oída. Nadie le pregunta con quién quiere vivir, si quiere verme o si me extraña”, afirmó.
Sin brindar detalles que pudieran vulnerar la intimidad de la menor ni interferir en actuaciones judiciales en curso, Lugli también planteó preocupación por situaciones denunciadas dentro del expediente y remarcó que su reclamo apunta a que los hechos sean investigados “con responsabilidad y sensibilidad”.
“La ausencia de mi hija atraviesa toda mi vida”
A lo largo de la entrevista, el relato estuvo atravesado por la angustia y la incertidumbre. Lugli aseguró que no poder ver a su hija afecta todos los aspectos de su vida cotidiana.
“La ausencia de mi hija atraviesa todos los aspectos de mi vida y genera una angustia constante”, señaló.
Y agregó: “Lo más difícil es la sensación de impotencia de no poder acompañarla ni protegerla”.
La madre remarcó además que durante años dedicó gran parte de su vida al tratamiento médico y terapéutico de la niña, buscando atención especializada en distintos puntos del país.
“He dejado mi vida por lograr que mi hija se atendiera con los mejores doctores y centros del país para que tenga una mejor calidad de vida”, sostuvo.
Un debate que vuelve sobre la mesa
El caso vuelve a poner en discusión el funcionamiento de los procesos de familia, especialmente cuando involucran situaciones de alta conflictividad, discapacidad y derechos de niños y niñas.
En sus declaraciones, Lugli insistió en que el foco debe estar puesto en garantizar el interés superior del niño y en generar mecanismos reales para que las infancias puedan ser escuchadas dentro del sistema judicial.
“Me gustaría que la sociedad entienda que detrás de cada denuncia hay una preocupación real por la seguridad y el bienestar de un hijo”, concluyó.