La convocatoria reunió a organizaciones, familiares de víctimas y vecinos en una jornada atravesada por la emoción, el reclamo y la reflexión sobre las deudas pendientes en materia de violencia de género.
Miles de personas se movilizaron este miércoles en Trelew en el marco de un nuevo aniversario de Ni Una Menos. La convocatoria, que se realizó a 11 años de la primera marcha que marcó un antes y un después en la agenda pública argentina, fue una de las más masivas de los últimos años en la ciudad.
La jornada estuvo atravesada por un clima de profunda emoción. Hubo presencia de organizaciones sociales, colectivos feministas, partidos políticos, familiares de víctimas de violencia de género y vecinos que se sumaron de manera independiente al recorrido.
“Se vivió con mucha bronca, pero también de manera muy pacífica. Fue casi una marcha del silencio. No hubo casi cánticos porque se respiraba la tristeza”, expresó Camila Aguirrezabala, activista e integrante de la multisectorial Vivas Libres.
“Ver a las madres de las víctimas caminando fue muy movilizante, pero también emocionó muchísimo ver a tantos padres acompañando a sus hijas. Había familias enteras abrazándose, sosteniéndose. Fue una marcha atravesada por el dolor, pero también por el amor y el acompañamiento colectivo”, agregó.
Según relató, una de las imágenes más significativas de la movilización fue la presencia de madres de víctimas, que recibieron el acompañamiento de los participantes en una manifestación donde predominó la contención colectiva por sobre las consignas tradicionales.
“Fue muy grande y muy emocionante”, resumió.
Una convocatoria marcada por nuevas generaciones
Uno de los aspectos que más destacaron las organizaciones fue la fuerte presencia de adolescentes y jóvenes, muchos de ellos participando por primera vez de una movilización de Ni Una Menos. A diferencia de los primeros años del movimiento, cuando la convocatoria estaba impulsada principalmente por colectivos feministas y espacios militantes, esta vez se observó una participación más amplia y diversa de nuevas generaciones.
“Se vio muchísima gente joven. Chicas muy chicas, estudiantes, grupos de amigas y también jóvenes que se acercaron con sus familias”, señaló Aguirrezabala.
Once años después, una deuda que sigue abierta
A más de una década de la primera movilización de Ni Una Menos, el reclamo sigue atravesado por una pregunta que permanece sin respuesta: por qué la violencia contra mujeres y niñas continúa cobrándose víctimas pese a los avances en materia de visibilización y legislación.
Para Aguirrezabala, el problema no se limita únicamente a la existencia de herramientas institucionales, sino también a la forma en que la sociedad sigue interpretando estas situaciones.
“Hoy se nota mucho no solo la falencia del sistema hacia las mujeres, sino también un retroceso muy grande en materia de políticas públicas”, sostuvo.
La referente cuestionó que muchas veces los dispositivos existentes no se aplican de manera efectiva y señaló que continúan produciéndose fallas que dejan a mujeres y niñas en situaciones de vulnerabilidad.
Sin embargo, consideró que el problema de fondo es aún más profundo.
El cambio cultural pendiente
Durante la entrevista, Aguirrezabala planteó que uno de los principales obstáculos para avanzar es lograr transformaciones culturales sostenidas en el tiempo.
En ese sentido, sostuvo que la discusión no puede limitarse únicamente a la respuesta judicial o estatal frente a los casos de violencia, sino que debe incorporar un trabajo de prevención y educación desde edades tempranas.
“Creo que el cambio que hace falta es estructural. Quizás haya que apuntar más a las infancias y a las adolescencias en formación, porque necesitamos otras masculinidades y otras formas de relacionarnos”, afirmó.
También planteó una autocrítica respecto a las dificultades para comunicar el problema y cuestionó que todavía persistan discursos que ponen el foco sobre las víctimas en lugar de interpelar a los agresores y a las estructuras que permiten que la violencia continúe reproduciéndose.
“Seguimos porque nos duele”
Al finalizar la movilización, el sentimiento predominante entre muchas de las participantes fue una mezcla de cansancio, dolor y persistencia.
“Estamos hartas. Seguimos aportando un granito de arena desde las calles y desde nuestra vida cotidiana para intentar cambiar una realidad que nos duele a todas”, expresó Aguirrezabala.
A once años de aquella primera convocatoria que reunió a miles de personas bajo la consigna Ni Una Menos, la marcha realizada en Trelew volvió a poner en discusión una problemática que continúa vigente y que, según las organizaciones, requiere no solo mejores respuestas institucionales, sino también transformaciones culturales capaces de prevenir nuevas violencias.
