Iván Benavidez, vecino de Puerto Madryn, denuncia haber pasado años sin poder sostener un vínculo estable con sus hijos. Afirma que las respuestas del Juzgado de Familia no han protegido la relación paterna y que el impacto emocional sobre el menor crece con el paso del tiempo.
El pedido que no encuentra respuesta
“Busco una salida pacífica para mis hijos. No quiero conflicto, quiero verlos”. Con esa frase, Iván resume una historia marcada por idas y vueltas judiciales, denuncias cruzadas y un vínculo que —según sostiene— se debilitó no por su decisión, sino por la falta de medidas que protegieran el contacto con sus hijos.
Hoy vive en Puerto Madryn. Allí también residen sus hijos. Sin embargo, asegura que desde hace meses no puede ver al menor, pese a haber tenido durante años regímenes de comunicación intermitentes otorgados por el Juzgado de Familia.
Cinco años de visitas esporádicas y un vínculo en riesgo
Iván cuenta que la relación con su hija mayor se deterioró hace tiempo. Con su hijo menor, la situación es diferente, pero no menos dolorosa: “Lo veía de manera intermitente. Cuando busqué una solución pacífica y acudí al juzgado para pedir un régimen claro, todo empeoró”.
Según relata, la falta de contacto se repite desde hace casi cinco años, incluso en momentos en los que existieron sentencias que habilitaban la comunicación.
Lo que más lo preocupa es el impacto emocional en el niño: “Estos daños no se ven hoy. Se ven en la vida adulta. Eso es lo que me aterra: con qué herramientas va a crecer, qué va a entender de todo esto”.
Un permiso abierto a Chile encendió las alarmas
A fines del año pasado, Iván recibió un pedido de la madre del niño: firmar un permiso abierto para salir del país hacia Chile, válido hasta la mayoría de edad.
Él se negó.
“Yo no tenía garantía de que ella volviera con el nene. No podía firmar algo así”, explica.
Más tarde —siempre según su testimonio— fue notificado de una audiencia vinculada a ese permiso. Desde entonces, afirma, la situación comenzó a tensarse aún más.
“La justicia responde con frases de manual y hace oídos sordos”
En un tramo especialmente crítico de su relato, Iván apunta directamente al funcionamiento del sistema judicial y al rol del Equipo Técnico Interdisciplinario (ETI): “El juzgado tiene respuestas de libro y hace oídos sordos. Yo denuncié a profesionales puntuales por lo que considero un accionar parcial y perjudicial. En mi denuncia incluí a la Lic. Celeste Robledo, la Lic. Mandarini Martín, la Lic. Silvana Pérez, a la Lic. Carla Bonicatto y el Lic. Zambon, todos integrantes del ETI. Ellos intervinieron con informes que, según mi experiencia, no reflejaban la realidad y terminaron dañando aún más el vínculo con mi hijo”.
Según su visión, esos informes condicionaron el proceso: “Yo pedí evaluaciones objetivas. En cambio recibí informes que —para mí— contenían apreciaciones erróneas y datos inexactos. Y cuando intenté demostrarlo, nadie me escuchó. La justicia se maneja con una impunidad tremenda, resuelven sin medir el impacto en la vida de un chico”.
Asegura que muchas de las respuestas que recibió fueron “de manual”, sin un análisis real de la dinámica familiar: “No ven el daño ni el peligro emocional al que exponen al menor. Eso es lo que más me duele”.
Denuncias y cuestionamientos al proceso
Iván explica que su denuncia expone lo que él considera un desempeño inadecuado, parcial y perjudicial del equipo técnico: “En mi presentación dejé claro que, a mi entender, la actuación de Robledo, Mandarini, Pérez, Bonicatto y Zambon, afectó mis derechos como padre y los de mis hijos. Estas cosas están escritas en la denuncia: no estoy hablando por hablar”.
Según detalla, varias decisiones adoptadas en el marco de la causa profundizaron la distancia con su hijo en vez de repararla. “Fui a buscar ayuda. Y terminé con menos contacto del que tenía”, resume.
Un padre al límite
Su testimonio deja entrever agotamiento, preocupación y un pedido desesperado para no perder a su hijo: “Mi vida se volvió un infierno. Ensuciaron mi nombre, mi imagen. Pero no estoy peleando por mí: estoy peleando para que mi hijo pueda tener un padre presente. Eso es todo”.
Aun en ese contexto, dice que no planea bajar los brazos: “Voy a seguir, voy a presentar lo que haga falta. Pero siento que el tiempo corre en mi contra”.
El caso permanece radicado en el Juzgado de Familia de Puerto Madryn, donde continúan las actuaciones vinculadas al régimen de comunicación. Mientras tanto, Iván insiste en su reclamo: que se reconstruya el vínculo con su hijo y que, esta vez, su voz sea escuchada.