Dos verdaderos hitos en la filmografía del talentoso y recordado actor argentino.
Por Silvana Angelicchio
A mediados de diciembre se difundió la noticia del fallecimiento de Héctor Alterio en Madrid a los 96 años, algo que entristeció a todos quienes hemos disfrutado de sus interpretaciones a lo largo de siete décadas de carrera en activo, desde los comienzos en la década del 50 en el teatro independiente porteño a los sets de rodaje internacionales del siglo XXI.
Pérdida sensible, que en el caso de un artista como él tiene el consuelo no menor de poder reencontrarlo en sus obras, que suman unos 200 títulos -entre largometrajes y series-, donde encaró roles protagónicos o secundarios muy variados que evidenciaron su amplio registro interpretativo; como el villano de La historia oficial (Luis Puenzo; 1985), el padre autoritario de Cría Cuervos (Pilar Miró; 1980) o el marido tierno de El hijo de la novia (Juan José Campanella (2001), entre otros destacados.
Una filmografía extensa que incluye dos títulos que dejaron una particular marca en su carrera y están conectados por el mismo territorio real y ficcional: La Patagonia rebelde (Héctor Olivera; 1974) y Caballos salvajes (Marcelo Piñeyro; 1995).
El primero trasladó a la pantalla a Los vengadores de la Patagonia rebelde de Osvaldo Bayer, que entre el ensayo histórico-político y la non ficción novel reflejaba cómo, en 1922, los peones rurales explotados por sus patrones entraron en huelga en la región y fueron luctuosamente reprimidos por el ejército.
Un rodaje dificultoso realizado mayormente en Santa Cruz y un estreno no menos complicado en 1974, el año que marcaría la definitiva consagración de Alterio; que también había encabezado La tregua (1974), la versión de la novela homónima de Mario Benedetti donde encarnó al entrañable oficinista de mediana edad que se enamora de una joven colega; bajo la dirección de Sergio Renán –su compañero en el recordado ciclo televisivo Cosa Juzgada (1969)–, que fue la primera candidata argentina nominada al Oscar en lengua extranjera.
Reconocimiento del que no pudo gozar, ya que por el contenido político del film Olivera, Bayer – autor del original y coguionista-, Alterio y buena parte de sus compañeros de elenco fueron amenazados por la Triple A –grupo parapolicial que actuó durante el breve gobierno de María Estela Martínez de Perón- o incluidos en listas negras en las que permanecieron después del golpe de estado de 1976.
Hechos que lo llevaron a exiliarse en España con su familia y donde fijó su residencia permanente, aunque apenas recuperada la democracia volvió a trabajar tanto en los escenarios como en el cine y la televisión argentina, siempre eligiendo cuidadosamente cada intervención.
Caballos salvajes
Por su parte, Caballos salvajes es más cercano en el tiempo, pero no menos importante para la filmografía nacional y la carrera del actor.
Una mezcla de road movie y “southern” en la que encarna a Pedro, un jubilado que irrumpe en la financiera que lo ha estafado y amenaza con quitarse la vida si no le restituyen sus ahorros.
Algo que conmueve a un ejecutivo –Leonardo Sbaraglia- que se pone de su lado, roba los fondos y emprende con él una huida desesperada hacia la Patagonia, con la policía y los medios tras sus huellas.
Persecución que fue rodada en diferentes locaciones de Río Negro, Chubut y las afueras de la ciudad bonaerense de Bahía Blanca –las fotos incluidas en esta nota son exclusivas y tomadas por la periodista Natalia Schnaider en esa ocasión– , que no sólo consiguió éxito de crítica y público, sino también dejar en el lenguaje coloquial una de las frases más icónicas provenientes del cine argentino, cuando Pedro baila un vals frente al mar y grita: “La p***, que vale la pena estar vivo”. Línea repetida aún por quienes no han visto una sola escena de ese largometraje, que conserva una desafortunada vigencia por los temas que toca.
Dos clásicos de peso, para disfrutar nuevamente o descubrir online o rendirle un merecido tributo al Señor Alterio.
Silvana Angelicchio: maragata afincada en Bahía Blanca, donde ha trabajado como crítica de cine y periodista durante 25 años.




