Mientras sigue abierto el debate por el manejo del langostino en aguas nacionales, Santa Cruz dio un paso concreto para fortalecer su posicionamiento: capacitó observadores a bordo con foco en el control de la actividad y la generación de datos clave para la toma de decisiones.
La formación se realizó los días 13 y 14 de abril en Caleta Olivia, con técnicos del Instituto Nacional de Investigación y Desarrollo Pesquero (INIDEP), y reunió a 20 participantes que podrán desempeñarse en buques tangoneros.
Qué cambia y por qué importa
Los observadores a bordo son una pieza central en la pesquería: registran capturas, descartes, rendimiento y composición del recurso en tiempo real. Esa información es la base técnica que luego utiliza el Consejo Federal Pesquero para definir aperturas, vedas y condiciones de explotación.
En un contexto donde provincias como Chubut vienen planteando la necesidad de reglas más claras y previsibles —sobre todo para la flota fresquera y el impacto en puertos como Rawson y Puerto Madryn—, mejorar la calidad de los datos no es un detalle menor: define quién pesca, cuánto y bajo qué condiciones.
Durante la capacitación se trabajó sobre estimación de captura por especie, muestreo de lances, producción comercial y niveles de descarte, variables clave para evaluar la sustentabilidad del langostino, uno de los recursos más dinámicos y disputados del país.
Un movimiento con lectura política
Desde Santa Cruz destacaron que el objetivo es “mejorar la calidad de la información” y avanzar en la profesionalización del sector. Pero en paralelo, el movimiento también se lee en clave de posicionamiento: quien genera mejores datos, tiene más peso en la discusión sobre el manejo del recurso.
En una pesquería atravesada por tensiones entre provincias, flotas y modelos productivos, el control a bordo dejó de ser solo técnico. Hoy es parte del tablero donde se define el futuro del langostino en el Atlántico sur.