Un repositorio único en el país y el más austral del mundo comenzó a conformarse en Río Negro. Científicas y científicos del CONICET impulsan una herramienta clave para mejorar la identificación de restos humanos y fortalecer la investigación antropológica en la región.
En la ciudad rionegrina de General Roca, funciona un proyecto científico sin precedentes para la Patagonia: la Colección Osteológica de Referencia Norpatagónica (CORN), la primera de su tipo en la región y la más austral a nivel mundial. El repositorio se desarrolla en el Instituto de Investigación en Paleobiología y Geología (IIPG), y apunta a convertirse en una herramienta central para la antropología forense, la bioarqueología, la docencia universitaria y el trabajo judicial.

La colección —que aún se encuentra en proceso de conformación— reúne esqueletos humanos provenientes de los cementerios municipales de Allen y Cipolletti, con información biográfica conocida como edad, sexo, procedencia y causa de muerte. Este tipo de datos convierte a la CORN en una base científica de enorme valor para interpretar restos humanos hallados en contextos forenses o arqueológicos.
Ciencia con identidad patagónica
“La creación de esta colección responde a una necesidad histórica”, explica Romina Vázquez, investigadora del CONICET y directora del Grupo de Estudio en Bioarqueología y Antropología Forense (GEBAF). A nivel mundial existen numerosas colecciones osteológicas, pero en Argentina hasta ahora se concentraban mayormente en Buenos Aires y Mendoza. “No todos los huesos humanos son iguales: existe variabilidad biológica entre las poblaciones según su ancestría, su ambiente y su historia”, señala.
Hasta el momento, muchos de los métodos utilizados para estimar sexo, edad o estatura se basaban en estándares desarrollados a partir de poblaciones estadounidenses de principios del siglo XX. En la Patagonia, esa falta de referencias locales obligaba a aplicar modelos que no siempre reflejan la realidad corporal de quienes habitan la región. La CORN viene a saldar esa deuda científica.
Gracias a esta colección, será posible desarrollar, calibrar y validar métodos específicos para la población norpatagónica, aumentando la precisión en los procesos de identificación humana y abriendo nuevas líneas de investigación sobre salud, actividades físicas y condiciones de vida.

Impacto social y aporte a la justicia
Además de su valor académico, la CORN tiene un fuerte componente social. El proyecto busca transferir conocimiento y brindar asesoramiento científico a gabinetes de criminalística y al sistema judicial, aportando herramientas locales para la resolución de causas que involucren restos humanos.
“La colección funciona como una biblioteca de huesos”, grafica Vázquez. Cada esqueleto es una fuente de información conocida que permite comparar y comprender nuevos hallazgos, respondiendo preguntas clave de las investigaciones forenses: qué ocurrió, cuándo, dónde y cómo.
La iniciativa también cumple un rol fundamental en la formación de recursos humanos, especialmente para estudiantes de carreras como Criminología y Ciencias Forenses, Medicina u Odontología, fortaleciendo la educación superior en la región.
Trabajo colectivo y proyección regional
El desarrollo de la CORN es llevado adelante por el GEBAF, un equipo interdisciplinario integrado por investigadoras e investigadores con lugar de trabajo en distintas instituciones científicas y académicas del país. La colaboración de los municipios de Allen y Cipolletti, así como la participación activa de estudiantes de la Universidad Nacional de Río Negro, fue clave en las primeras etapas del proyecto.
Con una mirada a futuro, el equipo apunta a que la colección siga creciendo y sume el acompañamiento de otros municipios de la Norpatagonia, consolidando una herramienta científica estratégica con identidad regional.
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