viernes, marzo 13, 2026

Extraña entre glaciares

Por Natalia Schnaider
Azules, amarillos y verdes se despliegan en una paleta de infinitas combinaciones cuando nos acercamos al Lago Argentino.

Busco junto a otro pasajero, muy joven, un mapa que nos anticipe las distancias que nos llevarán a destino. “Parece una mancha pequeña”, me dice. Asiento con la cabeza, y a continuación agrega: “es increíble todos los paisajes que contiene”. Como es mi primera visita, aún no lo puedo imaginar.
Sendero profundo
Guanacos y choiques, chulengos y charitos indican que el camino es correcto. Recibimos un primer anticipo de parte de las guías: la ley de la naturaleza está más allá de la voluntad humana.
El paisaje se transforma, aquella estepa queda atrás y la Cordillera de los Andes nos recibe. Desde la ventana vemos cómo el gran espejo de agua se convierte en el protagonista indiscutido de este viaje.
La primera parada es el Glaciar Perito Moreno. Llovizna, se levanta una ventisca, sale el sol, se nubla, la vista se vuelve plateada. Esto sucede tan solo en media hora, mientras el catamarán se pasea frente al gigante. Unos crujidos informan sobre un próximo desprendimiento. De pronto, siento que este barco es muy pequeño frente a esta inmensidad.
El glaciar está vivo, transpira, trasciende, se mueve. Se erige como el corolario de un camino de nieve eterna; contiene siglos de permanencia y acumulación. Su presencia imponente, es a la vista de cualquiera, un paredón frontal azul que responde en sus propios términos al calentamiento global.
Está en retroceso, después de haber sido uno de los más estables del sector. Mientras flamea la bandera argentina, los ojos se hacen unos órganos limitados. Hago un par de respiraciones rápidas con la intención de captar los olores de aquellos fríos. Tampoco alcanzan los otros sentidos.
Pisar suelos sagrados

El Parque Nacional Los Glaciares es una zona de resguardo de una riqueza irreproducible. Compone un hábitat de 7269 km², por lo tanto, el recorrido sobre el lago es apenas una muestra. Aún así alcanza para darse cuenta que es un patrimonio invaluable, un reservorio de biodiversidad y uno de los más grandes protectores de agua dulce.
Otra jornada sobreviene en el Puerto Bandera. Entre témpanos celestes, el lago demuestra su bravura. Nos da su visto bueno la Boca del Diablo que conduce al Brazo Norte, y nos deja de frente al Glaciar Upsala. La lengua de nieve desciende entre los valles, lo que se derrite contribuye a la formación de un bosque verde intenso. Lengas y ñires crecen en las laderas altas, terrenos de inclinaciones dramáticas.
En este sitio, el tiempo tiene otra densidad. Llegamos al Glaciar Spegazzini. Detrás está la República de Chile. Muy cerca se ve drenar el deshielo, el agua se mueve afuera y dentro en todos sus estados. La parte alta luce sus morrenas, sedimentos de tierra y piedras.
La caminata hacia el refugio desmantela aquellas ideas previas sobre la vida silvestre. Aquí vibran las verdades dimensiones de la naturaleza. La humanidad es pequeña y frágil. Sin embargo, supimos crear un camino para conocer, recorrer, nombrar, y ojalá siempre, valorar y cuidar lugares que son milenarios.
Natalia Schnaider: Periodista, docente y autora de Poesía Instantánea, Azar, Postales de una vida sin noticias y La Primera Hora.

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