El escultor Raúl Espínola es atravesado por la fe en sus manos y en su creatividad. Un estilo que trasciende el atelier para conectar personas y comunidades.
Por Natalia Schnaider
Una obra, varias manos
La escultura se conecta con el entorno. El Cristo de Darregueira mira al norte. Los álamos que se encuentran detrás representan los doce apóstoles y los cuatro árboles más retirados simbolizan a los cuatro evangelistas que escribieron la palabra. Las piedras ubicadas en la base son veintiuna y representan el siglo actual. Hay más de un significado, o al menos, la obra no habla sola.
Un carro ruso fue el puntapié para crear una familia, la pareja sentada al frente con un bebé en los brazos, un niño detrás con la mano levantada y los caballos completando la escena. De esta forma, la entrada a la Colonia Santa Teresa da muestras de su caudal migratorio.
Un arado de mano impulsó el moldeado a tamaño real de un trabajador rural, se sumaron una hiladora y una panadera para representar los oficios de los primeros colonos alemanes. Estos objetos iniciales fueron aportados como donaciones por parte de los vecinos santateresinos y conforman un parque cultural. Mientras tanto, un bombero se constituye en un homenaje a la noble labor en el ingreso a la estación.
Pequeños formatos
La Tienda de Raul Espinolaofrece piezas propias de una santería, modelos
realizados en yeso con cemento y pátina. La Sagrada Familia, Santa María Antula, San
Nicolás y un pesebre formado por doce piezas. “Estas las realizo por pedido”, apunta.
Mientras el hierro y la chapa moldeada son protagonistas para las pequeñas esculturas. “Lo que surge de lo sencillo y lo cotidiano contiene una belleza poderosa”, confiesa, “por eso, resulta un colibrí, un caballo, una mano con una flor o una mariposa, o un barco” como parte de su propuesta artística.
Un ajedrez artesanal se suma con un modelo románico del siglo XII, evocando los castillos medievales. Se ofrece con el tablero y la caja de madera, en un conjunto imperdible para
disfrutar el juego de mesa. “Las piezas están moldeadas 100% a mano y son resistentes”, una muestra de que el arte puede ser de uso cotidiano.
La obra de Espínola se inserta en un universo con identidad propia, donde suenan los acordes de un órgano invisible, sonidos que oyen quienes tienen fe, como así también el público que entiende la trascendencia de lo humano mediante lo sobrenatural.
Natalia Schnaider: Periodista, docente y autora de Poesía Instantánea, Azar, Postales de una vida sin noticias y La Primera Hora.




