El escultor Raúl Espínola es atravesado por la fe en sus manos y en su creatividad. Un estilo que trasciende el atelier para conectar personas y comunidades.
Por Natalia Schnaider
Espínola es de los que se animan al desafío y resuelve como artista a través de la chapa batida, la madera y el hierro. “En la suma de la formación, la exploración y la experiencia de vida, algo de lo que pasó me hizo llegar a esta propuesta a través de las expresiones religiosas”, resume.
Se formó durante tres años en la Facultad de Artes y Diseño de la Universidad Nacional de Cuyo, en la ciudad de Mendoza. Bahiense de origen y actualmente habitante de la localidad de Darregueira, sus trabajos se extienden en ese territorio y varios kilómetros más allá, en diferentes pueblos de La Pampa.
De qué estamos hechos
“El yeso cementado también es parte de algunos trabajos, y me encanta la chatarra, porque algo que está descartado se puede reubicar, puede ser parte de una nueva forma. El hecho de buscar algo y relacionarlo en el conjunto, ver dónde puede conectar este tornillo en esta obra, es algo que me moviliza y motiva”, reflexiona.
“Es llamativo cómo llega a los chicos, encontrar en eso descartado un farol o una pala. Pasó
con el Ángel de la Guarda en Guatraché, que lo estábamos poniendo y llegó un grupo de
personas y le surgió aplaudir el momento de manera espontánea. Entonces eso que estaba
colocado ahí, una chapa doblada, en realidad fue visto de otra manera, generó algo”, aporta.
Dentro de su catálogo de obras es posible reconocer a Nuestra Señora de Luján y su eterno guardíán, el negro Manuel, emplazados en un lugar de oración en la Colonia Santa Teresa; el enorme Sagrado Corazón de Jesús, en el ingreso a Darregueira. Este último es parte del Paisaje Protegido Distrital, sitio de interés religioso desde el año 2022.
La escultura ocupa un espacio público, por ello, la logística debe estudiarse y
compartirse con otros profesionales. “Esta imagen del Cristo no podía hacerse con los
brazos abiertos por su exposición y la acción del viento. Sin quererlo, a través de la forma
se resolvió la imagen”.
Surgió como pedido de la parroquia del Perpetuo Socorro, al cumplirse 75 años de permanencia de los sacerdotes de la congregación en el pueblo y la región. Se realizó en el lugar con tramos de tres metros, en chapa batida y moldeada y cuenta con nueve metros de altura.
“La técnica consiste en cortar pedazos de chapa y trabajar la forma a través de golpes,
también implica soldar el armazón para la estructura. Aporta rigidez y fortaleza, aunque
también cuenta con una refuerzo interno”, cuenta.
Muchas de sus esculturas dan la bienvenida a visitantes, y simultáneamente, reflejan las representaciones espirituales de los lugares. Por lo tanto, hay un sentir colectivo que le permite una expresión que derriba los límites de su taller.
Continuará...
Natalia Schnaider: Periodista, docente y autora de Poesía Instantánea, Azar, Postales de una vida sin noticias y La Primera Hora.



