La temperatura y la proliferación de toxinas marinas habrían causado la muerte de decenas de ballenas en las costas chubutenses. Expertos advierten sobre la relación de estos fenómenos con el calentamiento global.

Una inusual mortandad de ballenas francas afectó tanto a adultos como a crías en las costas de Chubut, donde al menos 71 ejemplares murieron durante esta temporada. Gabriela Bellazzi, presidenta del Concejo Deliberante de Puerto Pirámides e integrante de la Red de Varamientos de Chubut, en dialogo con Patagonia News explicó que la causa probable es la intoxicación por biotoxinas paralizantes presentes en el plancton, fenómeno que se habría producido debido al aumento de temperatura en el mar.
En ese sentido, precisó que “murieron 18 adultas y 53 ballenatos a lo largo de la temporada”, y que este fenómeno de mortalidad de ballenatos está relacionado con causas perinatales, es decir, vinculadas al parto y los primeros días de vida. “Algunos nacen muertos o nacen débiles y se mueren… siempre muere un porcentaje de los ballenatos que nacen”, comentó. A esta pérdida se suma el crecimiento de la población en la zona, ya que “en agosto nada más contaron 549 ballenas, con sus crías”.
La muerte de las ballenas adultas en un corto período, de alrededor de diez días, fue lo que alertó a los expertos. Bellazzi explicó que este fenómeno es considerado “una mortandad inusual” cuando ocurre en un lapso tan breve. Ante esta situación, se tomaron muestras de agua y los resultados fueron reveladores. “El agua de mar tenía dinoflagelados productores de toxina paralizante”, dijo Bellazzi, detallando que esta toxina es similar a la de la marea roja. Las ballenas se habrían intoxicado al alimentarse en un área donde se concentraba esta biotoxina. “Es una biotoxina, que estaba en el parche de alimento… y bueno, aparentemente ya pasó porque no aparecieron más ballenas muertas”.

La causa de esta proliferación de dinoflagelados podría estar relacionada con factores naturales, como el aumento de la temperatura del mar en primavera, que favorece la floración de algas y, en algunos casos, de algas tóxicas. “Acá es el mar más caliente por lo que las algas se reproducen. Estos dinoflagelados son parte del fitoplancton, y el fitoplancton con más calor, más luz, se reproduce más”, señaló Bellazzi, añadiendo que se trata de un fenómeno común en todos los mares del mundo y que no representa una amenaza grave para la población de ballena franca.
En el 2022 también se observaron muertes similares en octubre, y Bellazzi destacó que estas situaciones “son cosas que pasan en todos los mares del mundo, más con el tema este que… del aumento de temperatura de los océanos”. Si bien este año fue difícil tomar muestras frescas debido a condiciones climáticas adversas, las toxinas fueron detectadas en el agua. “Las muestras se tomaron cuando estaban ya en estado de descomposición. Y ahí es muy difícil encontrar las toxinas. Pero la encontraron en el mar”, explicó.

Bellazzi también abordó las teorías que apuntan a posibles fuentes de contaminación humana como ALUAR, una empresa de aluminio en la región. Explicó que estas hipótesis son infundadas, ya que la afectación se limita exclusivamente a las ballenas, una especie que se alimenta por filtración. “Si fuera una contaminación química, aparecerían aves, lobos, lo que sea”, concluyó.
Este fenómeno, aunque impactante, es natural y recurrente. Según Bellazzi, el monitoreo de estos eventos es la única medida posible para entender mejor la dinámica de estos brotes tóxicos y sus efectos en la vida marina, con la esperanza de que los ecosistemas puedan resistir estos cambios ambientales.
Campaña de muestreo
El pasado 29 de octubre, se llevó a cabo una campaña de muestreo en el Golfo Nuevo, cerca de Puerto Pirámides, como parte del Proyecto de Investigación para la Iniciativa Pampa Azul titulado “Detección y pronóstico de floraciones algales nocivas (FANs) en la región de los golfos norpatagónicos”, dirigido por la Dra. Silvia Inés Romero del Servicio de Hidrografía Naval (SHN) y co-dirigido por el Dr. Juan Emilio Sala del Instituto de Biología de Organismos Marinos (IBIOMAR CENPAT-CONICET). Esta investigación cuenta con la participación de investigadores de instituciones locales como el CESIMAR y el Instituto de Investigación de Hidrobiología de la Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco (UNPSJB).


