El 21 de agosto de 1972, el Colegio de Abogados del Este del Chubut interrumpió sus actividades en repudio a la detención del dirigente radical Mario Abel Amaya. En medio de la fuga de la U6 de Rawson y la Masacre de Trelew, su caso se convirtió en un símbolo de la defensa de los derechos humanos y del compromiso de la abogacía con la libertad y el Estado de Derecho. Una reflexión de Patricio Castillo Meisen.
1972 – PARO DE LOS ABOGADOS DE TRELEW. DETENCIÓN DE MARIO ABEL AMAYA
El día 21 de agosto de 1972, el Colegio de Abogados del Este del Chubut, con sede en la ciudad de Trelew, dispuso un paro de actividades en repudio a la arbitraria detención del Dr. Mario Abel Amaya.
Mediante un comunicado suscripto por la Dra. Susana Campana de Aguirre, presidenta del Colegio, y el Dr. José Orlando Romero, secretario, se protestó enérgicamente por la situación de Amaya, detenido a disposición del Poder Ejecutivo Nacional.
El 15 de agosto de ese año se produjo la fuga de un grupo de presos políticos alojados en la Unidad 6 de Rawson, en cuyo marco fue asesinado el guardiacárcel Valenzuela. Una parte de los evadidos logró trasladarse al aeropuerto de Trelew y forzó la partida de un avión hacia la República de Chile. El resto, que llegó más tarde cuando la aeronave ya había despegado, se entregó al juez federal Dr. Alejandro Godoy con la intención de ser devueltos a la U6; sin embargo, fueron enviados a la Base Almirante Zar, donde el 22 de agosto fueron brutalmente asesinados por las Fuerzas Armadas, sobreviviendo únicamente tres personas, secuestradas y desaparecidas a partir del golpe de estado del 24 de marzo de 1976.
El Dr. Hipólito Solari Yrigoyen recuerda que el 20 de agosto, tras insistir en ver a sus defendidos en la U6 -entre ellos el dirigente sindical de Luz y Fuerza, Agustín Tosco-, fue a almorzar al Hotel Provincial de Rawson junto a los abogados Duhalde, Mattarollo, Amaya, Ortega Peña y González Garland. En otra mesa se encontraban militares, entre los que reconoció a Prémoli y a Galtieri.
Mientras comían, relata Solari Yrigoyen en su libro “Crónicas de una vida. Memorias”, ingresó un grupo de uniformados que detuvo a Amaya. Luego comenzaron a detener a otros comensales, lo que obligó al grupo de abogados a refugiarse en el Juzgado Federal a cargo del Dr. Alejandro Godoy, solicitando amparo. Todos fueron liberados, salvo Mario Abel Amaya, quien fue trasladado a la cárcel de Villa Devoto, donde Solari Yrigoyen asumió su defensa.
El jefe del Estado Mayor de la Armada, Hermes Quijano, acusó falsamente a Amaya de ser cómplice de los presos fugados de Rawson.
Cuatro años después, el 17 de agosto de 1976, Mario Abel Amaya e Hipólito Solari Yrigoyen fueron secuestrados y permanecieron desaparecidos hasta ser puestos a disposición del Poder Ejecutivo Nacional en la U6 de Rawson. Como consecuencia de las torturas sufridas, Amaya falleció en el Hospital de la cárcel de Villa Devoto el 19 de octubre de 1976.
Su sepelio se realizó en Trelew con la presencia del Dr. Raúl Alfonsín, quien pronunció un emotivo discurso en homenaje a la figura del abogado y dirigente de la Unión Cívica Radical. “Que lo lloren los marxistas”, tituló al día siguiente el diario La Nueva Provincia de la ciudad de Bahía Blanca.
Lejos de acallarlo, su muerte lo convirtió en un símbolo de la defensa de los derechos humanos, de la lucha por la libertad y de la dignidad de la abogacía comprometida, recordando que el abogado, más allá de su profesión, tiene la misión esencial de resguardar las instituciones republicanas y garantizar el Estado de Derecho aun en los momentos más oscuros.


