Por Micaela Gallicet
Hace apenas unos meses, la transmisión en vivo de la expedición del CONICET junto al Schmidt Ocean Institute fue lo más visto en las pantallas argentinas. Miles de personas siguieron en tiempo real la exploración del fondo marino, descubriendo no solo organismos y paisajes desconocidos, sino también una nueva forma de acercarse a la ciencia. Aquella experiencia marcó un punto de inflexión.
A fines de 2025 ese proceso encuentra una confirmación simbólica contundente: el Martín Fierro de Oro al streaming fue otorgado a una producción científica del CONICET. No se trata solo de un premio, sino de un reconocimiento cultural. La ciencia, transmitida en vivo, con científicos reales y preguntas abiertas, pasó a ser un contenido valorado, legitimado y celebrado por el público y por la industria de los medios.
Este premio reconoce y consolida una nueva postura para la ciencia; en un tiempo donde prima el desfinanciamiento a la educación y al sistema científico, se debe llegar al pueblo y buscar su apoyo. Porque lejos de quedar como un evento aislado, el streaming científico se multiplicó y diversificó.
El Grupo de Estudio del Mar Profundo de Argentina organizó a principios de mes el Encuentro GEMPA 2025: Ciencia Marina Federal y Divulgación para la Comunidad en las ciudades de Rawson y Puerto Madryn para seguir fortaleciendo el vínculo con la comunidad.
Posterior a la exploración del océano profundo, siguieron otros proyectos como campañas paleontológicas transmitidas desde la Patagonia, nuevas navegaciones científicas en el Atlántico Sur y, actualmente, hay transmisiones en vivo que permiten observar tanto una expedición oceanográfica en tres cuencas argentinas como la vida cotidiana de una colonia de pingüinos en el extremo sur del país.
Divulgación y rigurosidad
El streaming se transformó en una herramienta estable de divulgación científica, no es una moda pasajera. Su potencia no radica solo en mostrar mundos novedosos, sino en permitir que la sociedad acompañe el proceso científico en tiempo real, con sus tiempos, sus dudas, sus métodos y sus hallazgos parciales. La ciencia deja de presentarse solamente como resultado en una revista científica y se muestra como lo que debería ser: un proceso colectivo, humano y dinámico, sin perder su rigor académico.
Que una transmisión científica reciba el máximo galardón del streaming argentino dice que existe un público dispuesto a interesarse, aprender y emocionarse con la exploración y el conocimiento. Dice también que la divulgación científica puede ocupar un lugar central en la cultura, si se anima a explorar estos nuevos lenguajes.
Si algo queda claro al cerrar este año, es que 2025 será recordado como el momento en que la ciencia encontró una manera para que el público no la sienta tan lejana, como bien dijo Nadia Cerino en su discurso al recibir el máximo galardón: “no se puede conservar lo que no se conoce”.
La noche de los Martín Fierro dejó un mimo para Conicet, en un año más que difícil, la comunidad del streaming lo aplaudió y vitoreó de pie, demostrándole su apoyo y señalando un camino. Este no debería ser el punto de cierre, sino más bien un punto de partida, para que finalmente la ciencia pueda llegar a todo aquel que quiera escuchar.

