sábado, abril 11, 2026

Comodoro marchó por Ángel, el caso que conmociona al país

Miles de vecinos se movilizaron en Comodoro para pedir justicia por la muerte de Ángel López. Entre globos blancos, carteles y lágrimas, el caso que conmocionó al país reabrió un debate que atraviesa a muchas familias: qué pasa cuando alguien denuncia, advierte y pide ayuda, pero la Justicia no escucha hasta que ya es demasiado tarde.
Los globos blancos avanzaron en silencio por el centro de Comodoro Rivadavia. Había carteles, velas, abrazos y bronca. También había una frase repetida en cada esquina, escrita a mano sobre cartulina y sostenida por decenas de vecinos: “Escuchar a un niño puede salvar su vida”.
La ciudad volvió a salir a la calle este viernes para reclamar justicia por Ángel López, el niño de 4 años cuya muerte conmocionó a Comodoro y al país. Pero esta vez el reclamo fue más allá de una causa judicial. La marcha se transformó en un cuestionamiento profundo sobre cómo actúa el sistema cuando hay denuncias, advertencias y decisiones sobre la tenencia de un menor.
Desde temprano, cientos de personas comenzaron a concentrarse en el centro. Familias enteras, vecinos, amigos y allegados se sumaron con globos blancos y fotos de Ángel. También estuvieron presentes familiares de otros casos que marcaron a la ciudad, como los de Valeria Schwab, “Nino” Villarroel y Diego Serón. Todos acompañaron el mismo mensaje: en Comodoro ya no hay paciencia para más demoras.

“Todo el mundo sabe que fue un asesinato”

Antes de que comenzara la movilización, el padre de Ángel tomó la palabra. Su voz quebrada se mezcló con los aplausos y el llanto.
“Vamos a pedir justicia. Porque están dando más vueltas… todo el mundo ya sabe que fue un asesinato”, dijo frente a la multitud. El hombre sostuvo que la investigación comenzó a partir de su propia denuncia y cuestionó que nadie hubiera actuado antes.
“Arrancaron por nuestra denuncia, no es que se enteraron antes”, afirmó. También convocó a los vecinos a acompañarlo el martes a Fiscalía para exigir avances en la causa.
Pero el momento más duro llegó cuando habló de las decisiones previas que habían definido con quién debía vivir Ángel.
Según relató, cumplió con todos los requisitos exigidos por los organismos intervinientes. “Me hicieron ir al psicólogo, al SIC, entregué todos los informes. Todo eso está presentado”, señaló.
Sin embargo, aseguró que esas evaluaciones nunca fueron tenidas en cuenta. “Agarraron y se lo dieron sin decir nada”, denunció.

¿Por qué no escucharon las advertencias?

La muerte de Ángel no solo generó dolor. También volvió a poner en discusión cómo actúan la Justicia, la Asesoría de Familia y los organismos de protección cuando existen denuncias, advertencias o pedidos de revinculación.
En Comodoro, muchos vecinos sienten que el caso expuso una falla más profunda: un sistema que muchas veces escucha expedientes, informes y trámites, pero no escucha a los chicos ni a quienes advierten que algo está mal.
Entre los manifestantes se repetía una misma idea: cuando un padre denuncia, muchas veces debe demostrar una y otra vez lo que dice, incluso cuando ya existen señales de alarma.
Durante la marcha, una de las frases más repetidas apuntó directamente a esa sensación.
“¿Qué están esperando?”, se escuchó decir entre los familiares y vecinos.
Lorena, quien se presenta como la “mamá de corazón” de Ángel, pidió que no se pierda de vista el eje del reclamo.
“Ángel perdió la vida bajo el cuidado de estas personas”, expresó.
Y fue más allá. “Protección de Derechos, la Asesoría de Familia y el juez tienen responsabilidad. Le fallaron a Ángel”, sostuvo.
Las críticas no estuvieron dirigidas solamente a la investigación actual, sino también a todo el proceso previo: las decisiones sobre la guarda, las denuncias presentadas y las intervenciones que, según la familia, no alcanzaron.

Una marcha que ya no habla de un solo caso

La movilización avanzó por el centro de la ciudad hasta llegar a la Asesoría de Familia. Allí, los presentes comenzaron a cantar. “Asesinos, queremos justicia”, gritaron.
Minutos después, el reclamo cambió de tono y se volvió más amplio. “Que se vayan todos”, corearon cientos de personas frente al edificio judicial.
La bronca acumulada por el caso de Ángel se mezcló con otros nombres y otras historias. El de Valeria Schwab, cuya familia sigue esperando respuestas. El de Juana Morales. El de “Nino” Villarroel. El de Diego Serón.
Sin embargo, para muchos vecinos, Ángel se convirtió en algo más: el caso que terminó de romper la confianza.
Porque detrás de su muerte hay una pregunta que hoy atraviesa a toda la ciudad y que ya no parece dirigida solamente a fiscales o jueces, sino a todo el sistema: ¿Cómo puede ser que un niño haya pedido ayuda, que hubiera denuncias y advertencias, y que nadie llegara a tiempo?
La causa continúa sin imputados y con varias líneas de investigación abiertas. Pero en Comodoro, después de esta marcha, algo parece haber cambiado.
Ya no se trata solamente de saber qué pasó con Ángel. Se trata de entender por qué nadie lo protegió.

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