La paralización de las obras financiadas por el Gobierno nacional provocó una fuerte caída del empleo en la construcción en Puerto Madryn y Trelew. La actividad privada, lejos de compensar esa pérdida, también registra una baja significativa y no logra absorber la mano de obra desocupada.
La crisis laboral en el sector de la construcción se profundiza en las principales ciudades del Valle chubutense como consecuencia directa del freno a las obras que dependían de fondos nacionales. Así lo advirtió Javier Moya, secretario de Organización de UOCRA, al describir un escenario marcado por la pérdida de empleo formal, el crecimiento de la informalidad y una demanda social que no deja de aumentar.
En Puerto Madryn, los números reflejan con crudeza el impacto de esta situación: 1.300 trabajadores se encuentran anotados en la bolsa de trabajo sin conseguir empleo, mientras que 700 personas recurren a subsidios como único paliativo ante la falta de ingresos. “Estos puestos de trabajo se perdieron porque las obras nacionales no arrancaron o quedaron paralizadas. No es una situación coyuntural, es algo que viene creciendo”, explicó Moya.
El dirigente gremial señaló que la actividad privada tampoco logró amortiguar el golpe. Según estimaciones del sindicato, la obra privada cayó alrededor de un 25% en la ciudad. “Hay proyectos que se anuncian, pero son de menor escala. Ya no hablamos de grandes edificios o desarrollos importantes, sino de obras chicas que generan muy poco empleo”, sostuvo. En ese contexto, la construcción privada no aparece hoy como una alternativa capaz de absorber la mano de obra que quedó sin trabajo tras el retiro del Estado nacional.
La situación se replica en Trelew, donde la apertura de una obra del Procrear permitió una leve mejora temporal. “Esa obra trajo algo de alivio y bajó un poco la desocupación, porque Trelew venía peor que Madryn. Pero la falta de obra nacional ya empieza a sentirse de nuevo”, advirtió Moya. Desde el gremio remarcan que la provincia intenta sostener algunos proyectos, aunque reconocen que no alcanza para compensar el volumen de empleo que antes generaba Nación.
La pérdida de empleo formal tiene consecuencias sociales cada vez más visibles. Muchos trabajadores sobreviven con changas mal remuneradas, sin aportes jubilatorios ni cobertura de salud. “La gente no busca solo un ingreso diario. Necesita trabajo en blanco, con obra social y jubilación. Hoy eso prácticamente no existe”, afirmó el referente sindical. En paralelo, el avance del trabajo no registrado se ve favorecido por la sobreoferta de mano de obra y por cambios normativos que redujeron los controles y sanciones.
Desde la UOCRA también alertan sobre el deterioro del poder adquisitivo incluso en la informalidad. “Antes una changa alcanzaba para sostenerse algunos días. Hoy, con tanta necesidad, se termina aceptando cualquier valor y no alcanza para vivir”, señaló Moya, al describir una competencia desigual entre trabajadores empujados por la urgencia.
Mientras tanto, el gremio mantiene reuniones con autoridades provinciales y municipales a la espera de definiciones concretas sobre licitaciones y plazos de nuevas obras. “Se anuncian proyectos y la gente se ilusiona, pero después hay procesos largos que no se explican. La necesidad es ahora”, sostuvo.


