Escrito por Natalia Schnaider
Quien vio un cauce seco que en el progreso de pocas horas se convierte en un paraíso de gaviotas y barcos, descubrió la magia de San Antonio Oeste.
El puerto resguarda tres momentos habituales, las mareas baja, alta y lo que ocurre entre ambas. Estos ritmos definen las vidas que se desarrollan en las costas de la Bahía de San Antonio. En cada uno de ellos, el despliegue del ecosistema es distinto, y en todos los casos, muy diverso.
En la intermarea, el limo es el mejor espacio para los lobos marinos y los cangrejos, que conviven al pie de las lanchas y los barcos. Estos últimos esperan las condiciones favorables para salir al Mar Argentino, o aún mejor, al Atlántico. Para los pescadores, la señal del regreso es clara, solo cuando las manos estén llenas.
Voces
El tiempo me pareció muy lento, sin embargo, como era mi primera visita recibí el beneficio de los recorridos por el balneario y sus proximidades. Descubro que la ciudad ostenta un vínculo profundo con el mar, con calles silenciosas, farolas grandes y cercas ferroviarias.
Hablo con algunas personas que habitualmente visitan el lugar y describen la región como un puerto, un espacio para la pesca artesanal, un accidente geográfico que conserva la nobleza de lo natural. Esta convivencia que a simple vista parece equilibrada y armónica, es, en verdad, una búsqueda en tensión entre humanidad y fauna.
Una larga caminata por sus playas me sorprende con la venida de nuevos paisajes, la marea alta progresa rápidamente. De pronto, sobrevuelan cormoranes y petreles, mientras que los lobos marinos recobran su brillo húmedo y un delfín se deja ver en unos giros sutiles.
Desde la orilla, veo el intenso trabajo de los pescadores a bordo, asoman los cajones de langostinos. Viene el momento del amarre, entre gaviotas y redes, las maniobras nos hacen olvidar cómo era el balneario y el puerto hace un par de horas atrás.
Conexión ancestral
La costa es un ambiente en constante cambio, y en este caso, es el hogar de innumerables especies de aves. La Bahía de San Antonio está protegida bajo la Ley Provincial Nº 2670, desde el año 1993 (https://ampargentina.org/areas/bahia-de-san-antonio/). Esto rige para la línea más baja de la marea y hasta cincuenta metros por encima de la más alta, con posibilidades de ampliación.
La preservación es un trabajo conjunto entre el gobierno provincial y municipal junto a organizaciones no gubernamentales locales, espacios de investigación universitaria, y por supuesto, la ciudadanía. Como simples mortales tenemos la suerte de caminar, observar y disfrutar su belleza, sus proporciones y sus cadencias, y la responsabilidad de hacerlo sin mancillarla.
Me tomé el día para registrar con la cámara estos hallazgos, y ví con ojos propios el ciclo de vida. La biodiversidad es inmensa, sutil, frágil, y simultáneamente, se impone como condición para entender lo que sucede en este entorno donde el mar es quien manda.



