La llamativa imagen fue registrada y compartida en redes sociales por el reconocido guía de turismo profesional de Chubut, Juan Carlos Lobos. La hembra presenta una antigua herida cicatrizada que modificó visiblemente su aleta caudal y ahora existe interés científico en localizarla para estudiar qué pudo haber ocurrido.
“Cuando vi la cola, obviamente me llamó la atención”. Así recuerda Juan Carlos Lobos el momento en que, durante una navegación realizada el 11 de agosto en aguas de Puerto Pirámides, en Península Valdés, se encontró con una ballena franca austral cuya aleta caudal tenía una forma muy diferente a la habitual.

La hembra permanecía con la cola fuera del agua, en la posición conocida entre los guías como “cola en ascensor”. Fue entonces cuando Lobos pudo observar con claridad las marcas y decidió fotografiarla.
“Yo sabía que había algo ahí porque no se ven muchos animales con esas lastimaduras. Por eso saqué la foto y la publiqué”, contó el guía en diálogo con Patagonia News.
La lesión no es reciente. El tejido está cicatrizado y, según explicó Lobos, la ballena ya había sido observada durante la temporada pasada en Península Valdés. Este año volvió a aparecer, pero con una diferencia importante: está acompañada por su ballenato.
“Esa mamá el año pasado la vieron acá en Península. Estaba sin el ballenato. Este año la vuelven a ver y apareció con su cría”, relató.
Además de la particular forma de su cola, el comportamiento de la hembra permitió observarla durante un tiempo prolongado. “Es muy sociable. Le gusta interactuar con las embarcaciones y es muy permisiva con su cachorro”, describió Lobos.
¿Qué pudo haber provocado la lesión?
La respuesta todavía no está. Entre quienes pudieron observar las marcas surgió como principal hipótesis una antigua colisión con una embarcación, posiblemente cuando la ballena era más joven. Sin embargo, Lobos es cuidadoso al hablar del origen de la herida.
“Nosotros podemos conjeturar, pero después viene el ICB (Instituto de Conservación de Ballenas) y hay que esperar la opinión de los científicos”, señaló.
La impresión inicial fue que las marcas podrían corresponder a una lesión producida por una hélice. También se consideró la posibilidad de un ataque de orca, aunque Lobos sostuvo que, por lo que pudieron apreciar, esa alternativa les resulta menos probable.
“Lo más probable para nosotros es una colisión. Pero no sabemos dónde ni cuándo ocurrió”, explicó.
Por eso, hasta que exista un análisis especializado, no es posible determinar científicamente qué provocó la lesión.
Una imagen que ahora puede abrir una investigación

Después de publicar las fotografías, Lobos comenzó a recabar información junto al capitán de la embarcación, Ernesto Ricci. Según contó, Ricci realizó consultas con el Instituto de Conservación de Ballenas (ICB) y recibió la confirmación de que la hembra no se encuentra actualmente identificada en su catálogo.
La aparición despertó interés precisamente por esa falta de registros y por las características de su aleta caudal.
“El ICB está al tanto y está interesado en estudiarla, encontrarla y ver qué es lo que le pasó. Ellos tienen las herramientas para saberlo”, explicó Lobos.
El próximo paso será intentar volver a localizarla y obtener fotografías que permitan individualizar al ejemplar y observar con mayor precisión las características de la lesión.
Para Lobos, esa posibilidad es también lo que le da valor al registro que comenzó casi de manera espontánea durante una navegación.
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